Los colores de Portocarrero (+ Fotos)

Por  Yanais Vega Bacallao/ Radio Cadena Agramonte.

Aún recuerdo la primera vez que, con la ayuda del joven instructor de arte que todos los jueves iba a mi aula de Secundaria Básica para impartir un taller de artes plásticas, aprecié una de las creaciones de René Portocarrero.

No se me desdibujan de la memoria el “raro” uso de los colores y la asimetría de aquella silueta que pretendía tomar la forma de un arlequín. En su mano llevaba una copa y la combinación de figuras romboides en su  torso fue lo que más me impresionó.

“Arlequín con copa” era el nombre del cuadro. Igual nos enseñó “Interior del Cerro”, cuyas tonalidades rojizas le da un acabado muy peculiar a la obra, y “Brujo de Carnaval”.

Esa en particular inspiraba cierto misticismo que me cautivó admirar, a pesar de no entender muy bien en ese entonces sobre las características distintivas del rebelde y enérgico pincel de Portocarrero.

El dominio que poseía sobre este le permitió atrapar en sus creaciones una amplia gama de temáticas que iban desde lo tradicional con paisajes campesinos y  fiestas populares cubanas hasta “la figuración o el carácter poético de su última etapa pictórica”,  como leí una vez en un libro sobre los grandes pintores cubanos.

Hoy se celebran 105 años del nacimiento de ese grande  de las artes  plásticas cubanas, cuya  genialidad comenzó a moldearse en la  Academia de San Alejandro y Villate de La Habana, a la que no participaría con la necesaria disciplina.

Sin embargo su desmedida pasión autodidacta lo llevó a exponer sus obras en importantes escenarios nacionales y extranjeros, como la galería de Julian Levy, en Nueva York, y El Museo de Arte Moderno, en 1945.

Gran parte de sus creaciones estuvieron presentes en importantes capitales de Europa, entre ellas Berlín, Roma y París, a las que se sumaron la Bienal de Sao Paulo en 1957 y 1963, o en la de Venecia en dos ocasiones: 1952 y 1966.

En Cuba también fue altamente reconocido y hasta el año de su muerte figuró entre las personalidades más importantes de las artes plásticas, pues luego ya sería inmortal por la genialidad de sus creaciones.

Aunque sea a través de libros, las nuevas generaciones continúan conociéndole. Una forma de rendirle homenaje y tal vez despertar talentos escondidos aún, que quizás despierten y encaminen trazos y “raros” usos de colores, para seguir los pasos creativos de René Portocarrero. (Fotos: Cubarte)

 

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