Por Pedro Paneque Ruiz/ Radio Cadena Agramonte.
Quizás por ser el mayor poseedor de petróleo en América latina y uno de los más importantes reservorios del mundo, Venezuela sea blanco directo en estos momentos de una movida contrarrevolucionaria con identificable sello Made in USA, y por tanto con una dimensión de mayor universalidad, o más bien dicho, de más largo alcance territorial, en cuanto a América Latina y el Caribe se refiere.
Cada paso por la integración es una batalla que pierden los yanquis y sus compinches, y no hay dudas de que en ello califica la más reciente Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, determinante escenario que atenta contra sus pretensiones de hegemonía en esta importante porción del planeta, donde los pueblos han despertado del letargo independentista y de soberanía, y la arremetida yanqui se hace presente con diversas formas.
Los disturbios en Venezuela alentados desde el norte tratan de desestabilizar al hermano país, pero a juzgar por los desatinos y mentiras mediáticas, con trucajes informáticos en fotografías y suplantaciones de escenarios, hace pensar que la realidad no le brinda a la contrarrevolución suficientes dividendos informativos de convincente factura.
No hay más que ver la tergiversación sobre la posición del Gobierno bolivariano en relación a su voluntad al diálogo, rechazada una y otra vez por los títeres del imperio, pues falsea sus planes de retrotraer al país al status de dependencia, mucho más cuando a casi un año del fallecimiento del presidente Hugo Chávez, su presencia está en todos y cada uno de los programas económicos sociales en práctica.
Hay un basamento económico en esas proyecciones que lo hacen sostenible, y es la disponibilidad del llamado “oro negro” cuyas multimillonarias ganancias no van a las arcas de las multinacionales, aunque ganan, ni a los bolsillos de la petrocracia nacional, dueña del país hasta la llegada de Chávez y su abarcador proyecto bolivariano, que es a donde se destinan los dividendos petroleros.
Para más doler de los enemigos de pueblos, el hacer realidad elementales ideas de la democracia, con su participación ciudadana como primer estandarte para determinar las aspiraciones de la nación, sólido enunciado del chavismo y su socialismo del siglo 21, se convierten en existencias que ya nadie puede dar marcha atrás, a la luz de los tiempos que corren
Por supuesto, las estratagemas diversionistas aplicadas en Venezuela distraen la atención en detrimento de la materialización de programas beneficiosos para las grandes mayorías, y aunque estos sigan su curso normal, la inclinación noticiosa siempre será a favor de las contingencias y sucesos de último momento.
Ello por supuesto, reitero, lleva a una distracción momentánea, pero no a la eliminación de tan humano proyecto que aunque enfrente escollos y lo ralenticen en su ejecución, nadie podrá desaparecerlo, es más, hará que se radicalicen en Venezuela los fundamentos de mando bolivariano y al rebasar el controvertido panorama actual, se apliquen con mayor vertiginosidad y eficacia los ideales que lo sustentan.
