La Revolución en la mujer: la mujer en la Revolución

Por Pedro Paneque Ruiz/Colaborador Radio Cadena Agramonte.

Desde que el joven Fidel Castro encabezaba luchas por una Cuba sin mediación yanqui y verdaderamente soberana, ya  tenía en la participación de la mujer una fortaleza de incalculable valor, como señalara su indiscutible guía, José Martí, y demostrado desde el inicio de nuestros acometimientos independentistas.

Figuras como Mariana Grajales, Ana Betancourt, Amalia Simoni, Rosa la Bayamesa y otras, se erigieron ejemplos únicos para el decursar de la vida y el desarrollo del país.

Mujeres hubo en el asalto a los cuarteles “Carlos Manuel de Céspedes” y “Moncada”, Haydée Santamaría y Melba Hernández, sin dejar de tener en cuenta otras que de diversa  manera colaboraron en los preparativos de la acción y más tarde, las santiagueras y bayamesas, en la protección de combatientes, muchos de los cuales salvaron su vida gracias a la solidaridad femenina.

Honrosos nombres de mujer integran el martirologio de la Patria, por ofrendar sus vidas en osadas acciones libertarias, en tanto otras muchas cubanas dignas lideraron o participaron en batallas en diversos escenarios, incluidas las que lo hicieron con las armas en la mano, como el pelotón de “Las Marianas”, creado por el jefe de la Revolución en la Sierra Maestra, no sin antes salvar escollos machistas y por tanto discriminatorios, anidados en la mente de valiosos compañeros.

Son precisamente esos sólidos avales los que abren una nueva perspectiva para la mujer cubana, que a partir del triunfo del 1ro de enero de 1959 se erige en protagonista del cambio social en el país, hasta nuestros días, pero luchando por la más justa comprensión de su desempeño en todas las vertientes del quehacer, agrupadas en la Federación de Mujeres Cubanas y lideradas por otra grande: Vilma Espín.

Y es ese incalculable servicio al proceso libertario cubano y a la opción socialista el que hace que en nuestra Carta Magna se dedique todo un artículo en cuyos preceptos dice que “la mujer y el hombre gozan de iguales derechos en lo económico, político, cultural y social… El Estado garantiza que se ofrezcan a la mujer las mismas oportunidades  y posibilidades que al hombre, a fin de lograr su  plena participación en el desarrollo del país…”

Todos son elementos de primer orden a tener en cuenta cuando se hable o se proceda con violencia hacia la mujer, pues, además, de contravenir leyes y cánones, se atenta contra la justas valoración del desempeño de las féminas, algo a convertir en cotidianeidad que marque principios desde el seno de la familia hacia los demás estamentos de la sociedad.

En Cuba es máxima martiana y fidelista, de obligada observancia institucional, pero más aún, de conciencia individual, porque se trata de madres, hermanas, esposas, hijas y compañeras.

Camagüey tiene el privilegio de ser el primer territorio cubano en que una mujer fuera responsabilizada con la Presidencia del Gobierno provincial, otras en el país después le siguieron y actualmente una mujer ostenta esa responsabilidad en esta llana región,  donde la mujer representa aproximadamente el 50 % de la fuerza profesional y técnica.

Indudablemente, ese status resulta una fortaleza  para el avance de nuestra sociedad, pero tal percepción y realidad no genera un proceder recíproco en muchos hombres que recurren a la violencia en el trato a sus compañeras en la vida, y no solamente de obra, que es muy grave, sino también de palabra, que es doloroso y ofensivo.

Por tanto, no creo que la lucha por la NO violencia contra la mujer sea algo de voluntad institucional o de una jornada, para cada cubano digno debe marcar el día a día, no por imposición ni exigencia legal, sino por conducta y convencimiento de que ellas están hechas para, con su miel, hacer grande la obra de los hombres. (Imagen: Archivo.)

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