Por Adary Rodríguez Pérez/Radio Cadena Agramonte
Cuando a finales del siglo pasado, o como ocurrió en diciembre último, algunos fanáticos, religiosos o fatalistas anunciaron el fin del mundo, no imaginaron la certeza de sus palabras, aunque sus pronósticos no se cumplieron.
Parece complicada esa aparente contradicción, pero el calendario maya o, mejor dicho, algunas de sus actuales interpretaciones, no estaban erradas del todo. Cierto que la Tierra no colapsó el 21 de diciembre del 2012, mas si continuamos a este ritmo, nosotros mismos la haremos desaparecer. Discurso trillado pero camino apenas andado.
Por solo poner un ejemplo, las cumbres del medio ambiente se suceden desde hace años, sin embargo, los acuerdos no se cumplen. La celebrada en junio de 1992 en Río de Janeiro, denominada Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, y conocida luego como “Cumbre de la Tierra” marcaba un programa de acción, llamado Agenda 21, para poner en práctica principios ambientales de desarrollo sostenible.
Más de 20 años han pasado y otros encuentros han seguido esos derroteros, pero los compromisos para los gobiernos de muchos países que cuentan entre los principales actores, siguen siendo simples promesas que quedaron en el papel.
El futuro también deja entrever luces, y la voluntad de algunos hombres a veces es más fuerte que mil promesas. El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz con su atinada visión del futuro, alertaba sobre la posible extinción de la especie humana, cuando el mundo aún estaba alejado del tema, y no ha cejado en su empeño de despertar a los pueblos, denunciar los problemas e incentivar a solucionarlos.
Poco a poco, América Latina ha tomado conciencia y África está despertando. Por desgracia, a los más implicados no les interesa ni siquiera preservar el planeta para las futuras generaciones. Para ellos el dinero inclina la balanza y no el bienestar del ser humano; por tanto, actúan teniendo en consideración su bolsillo mientras arrastran al mundo a guerras y crisis en todos los ámbitos.
Los compromisos de reducir a la mitad, en 2015, la población que vive sin agua potable y sin red de saneamiento de aguas residuales aún parecen utopías, en tanto el Gobierno de Estados Unidos busca apoyo internacional con el fin de destinar armas y dinero para atacar a Siria.
Obviando sus fallidos intentos de justificar la injerencia norteamericana en un nuevo conflicto bélico, cuando está claro que a ese país las guerras parecen ocasionarle más ganancias que pérdidas, es indignante que no destinen significativos recursos para reducir la pérdida de biodiversidad, pero sí para lanzar misiles contra seres humanos.
En el mundo que hoy vivimos las apariencias se han vuelto más engañosas, pues la tecnología ha ayudado a reforzar los telones. Los actos de magia de imperialistas y lacayos llevan la impronta de grandes sumas de dinero tras mezquinos intereses que intentan esconder en el humo de posibles armas nucleares.
Por suerte, estamos aprendiendo a mirar a fondo los espejismos, a buscar puertas escondidas o crear salidas en las más difíciles situaciones, despejando cortinas de humo y discursos vacíos, para descubrir verdades en el afán de hacer que la Tierra y todos sus pobladores puedan disfrutar a plenitud de la vida y el futuro del planeta. (Imagen: Archivo.)
