Fiesta de septiembre en Cuba (+ Infografía)

Por Arailaisy Rosabal García/ Colaboradora de Radio Cadena Agramonte.

Vuelve septiembre, y con el mes, la siempre soberbia “furia escolar”. Así ocurre año tras año en Cuba, un país que se ha tomado bien en serio la educación de sus ciudadanos, y también la de otros amigos de más allá de sus fronteras. No podría ser diferente, es una especie de valor agregado de la Revolución.

Por eso, cuando al amanecer de este lunes millones de cubanos, entre niños, adolescentes y jóvenes inunden las calles, habrá que cederles el paso, y no por un ataque moralista o un derroche de buenos modales; sino porque -la verdad- es un gustazo ser testigo ocular de la alegría que los envuelve. Mucho más si somos conscientes de que del otro lado del mundo la realidad es totalmente contrastante.

Ahí están las imágenes, siempre impactantes y dolorosas, de niños hambrientos, ambulantes, obligados a forzosos y a veces hasta degradantes trabajos, que ni siquiera saben escribir su nombre. Se lo han negado, como a quien no merece la pena de muerte pero de todas formas le arrebatan la vida.

Erradicar el analfabetismo y asegurar una educación de calidad para todos es tal vez el derecho universal más violentado; los propios gobiernos se han encargado de ello. La educación ha sido para muchos políticos y políticas una vía de lucro personal o la abastecedora del capital belicista.

Fue el enriquecimiento de algunos representantes del gobierno a costa del elevado precio de las carreras y la reducción de los salarios de los maestros lo que movilizó a la masa estudiantil en Chile desde mayo de 2011; en tanto en España, los más de 5 000 millones de euros recortados a la enseñanza en el 2012 para entregárselos a bancarios y empresarios -los mismos que desataron la crisis financiera- sacó a las calles a los estudiantes secundarios en una manifestación sin precedentes.

Por su parte, Estados Unidos se empecina en gastar billones en sus guerras, mientras muchos jóvenes se ven impedidos de continuar estudios por los elevados costos que impone el sistema de educación. Sépase que cursar una carrera universitaria en una escuela pública, con ayuda financiera (las llamadas becas), cuesta alrededor de 7 000 dólares por año; y en las universidades privadas como Harvard, Cambridge y la UCLA, el precio de una carrera oscila entre 16 000 y 50 000 dólares.

Lógicamente, los cubanos sabemos que nuestro sistema educacional no es perfecto: carencias materiales y otras realidades subjetivas, con bases concretas, como la desvalorización de la profesión magisterial ante la insuficiente remuneración salarial; obligan a una revisión de las disposiciones a favor de la educación. Pero la masividad y gratuidad de los servicios, son suficientes para sentirnos legal y gobernativamente respaldados.

No es conformismo -de hecho no es parte de nuestra idiosincrasia ese sentimiento, mucho menos cuando durante casi 55 años ha sido una premisa constante el perfeccionamiento del sistema educativo cubano, algunos con mejores y otros con no tan buenos resultados, pero rectificar es de sabios.

Vuelve septiembre, y con él, la siempre soberbia “furia escolar”, única, irrepetible, estelarísima de los cubanos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *