Por Daymaris Taboada Moreno/Radio Cadena Agramonte
La noche no necesitó de estrellas en el cielo para crear ese ambiente místico, casi mágico, que matizó la velada en la ciudad de Camagüey. Con la aparición de la camisa negra, la lluvia cesó por un instante quizás para que cerráramos las sombrillas y nos dispusiéramos a seguir las letras y los ritmos que de aquella voz sobrevinieron y erizaron la piel de todos.
Sin importar cuánto apretaba la pertinaz llovizna, el canto se impuso y, colmados de buena música, se escucharon textos antológicos que removieron los recuerdos añejos de algunos, y el deseo y las canciones dedicadas por los más jóvenes.
En apretada síntesis, Pablo Milanés interpretó 13 temas de los más reconocidos de su repertorio, pues desde su inicio el músico explicó que no quería que la lluvia fuera un impedimento para el concierto.
En agradecimiento a su presencia en la ciudad y reconociendo su talento, la Dirección Provincial de Cultura regaló al juglar un cuadro del pintor camagüeyano Lorenzo Linares, mientras el Centro de la Música y los Espectáculos obsequió la réplica en miniatura de un violín, elaborada en la fábrica de estos instrumentos del municipio de Minas.
El artista, rechazó guarecerse y eligió seguir bajo la lluvia, para deleitar a los que preferimos mojarnos, en tanto como pretexto solo quedaba la música.
Sin importar los “Años”, de ausencia y porque se hace pequeño “El breve espacio en que no estás”, fueron muchas las muestras de “Amor” que ofrecieron los presentes, por lo que ya en su despedida, Pablo reveló a la prensa que le era imposible dejar de cantar en la ciudad, pues ante el público que se mojó y desafió la lluvia él no podía irse sin actuar.
Ratificando su devoción por las grandes pasiones le siguieron las composiciones “Si ella me faltara alguna vez”, donde demuestra su originalidad para tratar un tema tan recurrente en la cancionística universal como es el amor y las relaciones de pareja.
Mujeres como “Yolanda” fueron recordadas y elevadas a los planos más famosos con la sola mención de su nombre, de manera especial, esta vez el intérprete mutó en público y no le cantó a estas féminas, pues fueron varias las camagüeyanas que inspiradas le corearon a Pablo: “te amo, te amo, eternamente, te amo”.
Aseverando que lo bello se lleva dentro, pues lo bello nace contigo, el reconocido trovador cubano propuso a los agramontinos juntar esos sentimientos y hacer más bello el camino, con el tarareo de “Ámame como soy”, un tema que trasciende las fronteras de la Isla y se torna universal.
La Plaza de San Juan de Dios otorgó la mixtura de historia e identidad a la noche, la musicalización del poema “Canción”, de Nicolás Guillén, hizo aparecer el tema “De qué callada manera”, una pieza que contó con gran acogida de los presentes.
Porque la vida es “Algo más que soñar” y los sueños muchas veces acaban haciéndose realidad, ya en los finales del concierto comprendimos que ante la figura que vistió de camisa negra, escasearon los astros en la noche, para hacer de la cita un momento especial.
Pues aunque Pablo no pidió que le bajaran una estrella azul, el poder de la naturaleza humana hizo que cada camagüeyano iluminara con su luz el espacio del cantautor, muy a pesar de la lluvia.
