Camagüey, 21 may.- En el primer cuadro de Código Cuba el blanco y negro domina la escena como un signo cromático que evoca solemnidad, elegancia y verticalidad en el comportamiento social. Es la representación de un tiempo de protocolo estricto, donde lo elitista se mantenía distante de lo popular.
El Ballet Contemporáneo de Camagüey, fiel a su rigor interpretativo, construye aquí un ambiente de sobriedad que recuerda épocas donde las distancias sociales parecían infranqueables; la irrupción del rosa rompe esa cadencia monocromática.
No es casual ni inocente: es el color del choteo, de la burla cariñosa al protocolo, de la disidencia estética. Su aparición introduce ritmos caribeños y gestos más cercanos a la Cuba que hoy conocemos, donde la música obliga a que las fronteras entre lo exclusivo y lo popular se desdibujen.
El rosa se convierte en metáfora de resistencia cultural y en símbolo de la capacidad del pueblo para transformar la solemnidad en fiesta compartida. La obra se despliega como una revista de lo cubano, lo tradicional y lo popular.
Los bailarines se desdoblan… cantan, juegan, interpretan y proyectan una energía que desborda cubanía. Esta propuesta representa una ruptura con las obras anteriores de la compañía, más vinculadas a lo clásico y lo contemporáneo.
Aquí, en cambio, se celebra la identidad nacional con un derroche de ritmo, color y teatralidad. Además, Código Cuba evoca los bailes más tradicionales y de solar donde -desde el vestuario hasta la escenografía- se recrea la isla de los años 50 y 80 del pasado siglo XX.
Los géneros musicales que acompañan la obra -son, bolero, rumba, guaguancó- refuerzan esa atmósfera de autenticidad, convirtiendo la escena en un mosaico sonoro que conecta la memoria cultural con la contemporaneidad.
Los rasgos clásicos, folklóricos, contemporáneos y populares juegan un rol esencial en esta obra, que no pretende ser una añoranza sino un homenaje a nosotros mismos.
La cita está pactada para viernes y sábado a las 4:00 de la tarde desde la sede del Ballet Contemporáneo de Camagüey, elenco joven y en constante búsqueda para reinventarse, demuestra que Código Cuba es un homenaje a los abuelos y padres, pero también a la contemporaneidad desde la visión de los hijos y nietos. Es un puente generacional que reafirma la danza como memoria viva y como celebración de la identidad cubana. (Texto: Betzabé Cabreja Jeffers/Radio Camagüey)
