El General José Maceo a 130 años de su caída en combate

El 5 de julio de 1896 fue derribado de su caballo el General del Ejército Libertador José Maceo y Grajales por heridas mortales recibidas en el combate de Loma del Gato, en el extremo oriental de Cuba, que lo hicieron fallecer minutos después cuando un cirujano mambí intentó salvarle la vida.

“General José” -así fue llamado por sus subordinados- tenía en su haber una destacada participación guerrera en las tres campañas anticolonialistas libradas por los cubanos hasta ese momento y un proceder leal y justiciero a toda prueba.

A 130 años de su muerte consta por siempre que tuvo una vida fecunda, plena de combates exitosos y sucesos complejos que probaron su temple y su leyenda no ha hecho más que crecer.

José Martí le escribió en una misiva, cuando coordinaba su participación en la Guerra Necesaria del 95: «Quien ha defendido con valor mi Patria y su libertad de hombre, es como acreedor mío y me parece mi hermano».

El General José Maceo fue también hijo “de león y de leona” como su hermano Antonio y nació el 2 de febrero de 1849, en Majaguabo, San Luis, cerca de Santiago de Cuba.

Siendo un adolescente José mostró las condiciones que lo convirtieron en un soldado de primera. A su admirable puntería, habría que añadir la fuerza de su brazo con el machete. Por si fuera poco, era arrestado, impetuoso en grado sumo, con gran fortaleza y prestancia física.

Además, sorprendía por la madurez de su pensamiento independentista, lo cual le permitió canalizar su coraje y acciones en la lucha.

La emancipación del país natal siempre fue lo más importante para este vástago de Mariana Grajales, la madre de la Patria.

Desde el comienzo, luego de su incorporación a la primera contienda a los 19 años el 12 de octubre de 1868, empezó su fogueo y en 1871, tras intervenir en varios combates del Ejército Libertador contra los españoles, se integra a las fuerzas del Mayor General Máximo Gómez que operaron en Guantánamo.

Al mando del regimiento de infantería en ese mismo territorio sobresalió en importantes combates y luego vuelve a ser jefe de las fuerzas de Santiago.

En 1877 salvó a Antonio de una muerte casi segura y lo protegió en su convalecencia.

Peleó con bravura en diversos enfrentamientos, en momentos en que otros cubanos gestaban el Pacto del Zanjón y resaltó en la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1878.

Desde las calles de Santiago de Cuba, en unión de Guillermo Moncada y Quintín Bandera, el 26 de agosto de 1879 se lanzó a la llamada Guerra Chiquita en la parte sur oriental, que duró solo 10 meses.

No pudieron continuar esa contienda y se vieron obligados a contraer un acuerdo, mediante el cual cesaría el alzamiento con la condición de que se le garantizara junto a sus compañeros, la salida del país.

Los españoles incumplieron el acuerdo: lo apresaron en alta mar, camino del exilio, en unión de Moncada y Banderas.

Pasaron un viacrucis terrible en inhumanas cárceles de la península. En 1884, José se fugó de las mazmorras y llega a Panamá, donde se reúne con Antonio.

En el extranjero, él y su hermano nunca dejaron de conspirar y organizarse a favor de proyectos por la emancipación definitiva de Cuba.

Integró, en unión con el Titán de Bronce, la expedición de la goleta Honor que, bajo el mando del Mayor General Flor Crombet, desembarcó por Duaba, Baracoa, el primero de abril de 1895, para dar continuidad a la Revolución Cubana y participar en la Guerra Necesaria, organizada por José Martí.

Ya en los campos cubanos, desde mayo empieza a ser protagonista en la nueva gesta.

Corría octubre de 1895 cuando Antonio le entregó el mando de la provincia de Oriente, pues él marcharía con Gómez a extender la campaña a Occidente. Más tarde, José cedería la jefatura a Calixto García.

Vivió una etapa rica en su batallar hasta su muerte. Desde entonces está en el panteón de los grandes de la Patria. (Texto y foto: ACN)

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