Las indisciplinas sociales también se enfrentan desde el barrio

Las indisciplinas sociales también se enfrentan desde el barrio Foto: Internet

No es un secreto para nadie que, en los últimos tiempos, ciertas conductas han comenzado a colonizar nuestros espacios públicos con una naturalidad que duele. Hablo de esas manifestaciones que, lejos de construir, erosionan la convivencia ciudadana, el daño a parques y mobiliario urbano, las riñas en lugares públicos, la alteración del orden, el irrespeto a las colas, los excesos de velocidad y ruido, y tantas otras acciones que, aunque parezcan pequeñas, van carcomiendo la sociedad.

No se trata de un problema menor. Las indisciplinas sociales, como bien se ha debatido, no surgen por casualidad; casi siempre están asociadas a la falta de exigencia, al relajamiento de los controles y, en no pocos casos, a la tolerancia que se vuelve cómplice. Lo que hoy es una falta leve, mañana puede ser la antesala de un delito. Y cuando el orden público se resquebraja, la tranquilidad de todos se resiente.

Por eso el recién concluido Quinto Ejercicio Nacional de Prevención y Enfrentamiento al delito, la corrupción y las indisciplinas sociales no puede quedar en un simple enunciado oficial. Debe calar hondo. Debe traducirse en acciones concretas desde cada cuadra, cada barrio, cada comunidad. El enfrentamiento a las indisciplinas sociales es una tarea diaria, y no se trata solo de criticar lo mal hecho, sino de incentivar las buenas prácticas desde la cultura, desde la educación y desde el ejemplo.

La pregunta es incómoda, pero necesaria: ¿qué estamos haciendo cada uno de nosotros para que el espacio público sea un lugar de encuentro y no de conflicto? Porque la autoridad no puede estar en todas partes, ni el control puede ser omnipresente. La verdadera fortaleza de una sociedad no está en sus leyes, está en la conciencia de sus ciudadanos. Y esa conciencia se forja en el hogar, en la escuela, en el centro de trabajo, en la conversación cotidiana.

Los que hemos crecido en esta tierra sabemos que el cubano es solidario, alegre y hospitalario. Pero también sabemos que, cuando la disciplina flaquea, cuando el respeto al otro se desvanece, todo ese potencial se empaña. No permitamos que las malas conductas ensucien el nombre de una mayoría que quiere vivir en paz.

El llamado es claro: no se trata de ser fiscal de nadie, sino de ser guardián de todos. De alzar la voz cuando veamos una injusticia, de llamar la atención cuando alguien dañe lo que es de todos, de exigir que se cumpla la ley, pero también de predicar con el ejemplo. Porque el enfrentamiento a las indisciplinas sociales no es una campaña; es un compromiso de cada día, un trabajo sistemático y de mucho rigor que nos involucra a todos.

La tranquilidad ciudadana no es un regalo que viene de arriba; es una conquista que se construye desde abajo, desde el barrio, desde la esquina, desde la mirada de quien entiende que el orden es el primer peldaño de la libertad. Guapeemos, pues, con coraje, con valentía y, sobre todo, unidos. Porque una Cuba en orden es una Cuba más fuerte. Y esa es una batalla que no podemos darnos el lujo de perder. (Texto: Martha Karla Gutiérrez Pacios/estudiante de Periodismo)

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