La Habana, 5 jul.- La interrogante de cómo logra una paloma regresar a su palomar después de recorrer decenas o incluso cientos de kilómetros ha intrigado durante siglos a naturalistas, ornitólogos y físicos.
La respuesta aún no está completa, pero una investigación publicada en 2026 en la revista Science aporta una de las evidencias experimentales más sólidas obtenidas hasta ahora: la clave está en el hígado.
Mucho más que instinto
Las palomas mensajeras (Columba livia) han sido utilizadas durante siglos para llevar mensajes gracias a una sorprendente habilidad para regresar a su hogar desde lugares desconocidos. La ciencia ya sabía que estas aves combinan diversas fuentes de información durante la navegación: la posición del Sol, referencias visuales del paisaje, el olfato y el campo magnético terrestre. Sin embargo, se desconocía qué estructura biológica les permite detectar ese campo magnético.
Algunas investigaciones apuntaban a moléculas sensibles a la luz presentes en la retina; otras, sugerían partículas magnéticas localizadas en el pico o mecanismos asociados al oído interno. De hecho, en 2025, un estudio dado a conocer también en Science propuso que el oído interno podría desempeñar un papel central en la magnetorrecepción.
Fue una nueva investigación, liderada por científicos de la Universidad de Bonn, el Hospital Universitario de Bonn, la Universidad de Duisburg-Essen y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal, la que encontró una pista donde casi nadie buscaba: el hígado.
Analizaron distintos tejidos de las palomas mediante técnicas de magnetometría, microscopía electrónica, análisis celulares y pruebas funcionales. Descubrieron que determinados macrófagos -células del sistema inmunitario encargadas de reciclar glóbulos rojos envejecidos- acumulan grandes cantidades de ferritina y nanopartículas de óxido de hierro.
Esa composición les confiere propiedades superparamagnéticas, es decir, una elevada sensibilidad frente al campo magnético terrestre. Los resultados fueron publicados en Science y posteriormente difundidos por diversos medios.
La evidencia experimental fue especialmente llamativa. Tras eliminar selectivamente esos macrófagos en un grupo de palomas entrenadas para regresar a su palomar desde más de 20 kilómetros de distancia, las aves perdieron la orientación cuando el cielo permanecía cubierto.
En cambio, bajo días soleados continuaron encontrando el camino, lo que indica que recurrían a la posición del Sol como sistema alternativo de navegación. El experimento sugiere que el «compás magnético» entra en funcionamiento precisamente cuando otras referencias dejan de estar disponibles.
Un hallazgo importante, pero no definitivo
Aunque el descubrimiento representa uno de los avances más relevantes de los últimos años en el estudio de la orientación animal, los propios investigadores llaman a la cautela. Todavía falta comprender con precisión cómo las señales generadas por esos macrófagos llegan al cerebro y cómo se integran con la información procedente de la vista, el olfato o el oído interno.
Además, algunos expertos consideran posible que las palomas utilicen más de un mecanismo de magnetorrecepción según las circunstancias del vuelo. Esa posibilidad ayudaría a explicar por qué diferentes investigaciones han señalado órganos distintos para detectar el campo magnético terrestre, sin que necesariamente sean hipótesis incompatibles entre sí.
Más que cerrar un antiguo enigma, este hallazgo abre nuevas líneas de investigación. Si las células inmunitarias del hígado participan realmente en la navegación magnética, mecanismos semejantes podrían existir en otras especies capaces de recorrer largas distancias, desde aves migratorias hasta algunos peces o tortugas marinas. Por ahora, no existe evidencia suficiente para afirmarlo.
La historia de las palomas demuestra que la ciencia no siempre avanza en línea recta. A veces, las respuestas aparecen precisamente donde nadie había buscado. En este caso, uno de los grandes secretos de la navegación animal no estaba en el cerebro ni en los ojos, sino oculto en un órgano cuya función parecía limitarse al metabolismo. (Texto y Foto: Cubasí)
