Cuba se ajusta a los tiempos

Cuba se ajusta a los tiempos

Bajo la premisa planteada por Fidel Castro en su concepto de Revolución de cambiar todo lo que sea necesario, y de la premura de concretarlo a que obliga un reforzamiento del bloqueo yanqui, Cuba entró en un proceso de transformación económica y del régimen de propiedad, mediante una reestructuración estratégica de la conceptualización del Modelo Económico y Social, y las Directrices y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030.

El criterio básico expuesto por el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez de que la realidad le impone a Cuba cambios urgentes y necesarios, y de que no necesita más retrasos sino soluciones, es el separador de las aguas del bloqueo muy mezcladas hasta ahora con las de los problemas económicos, que dificultaban identificar las consecuencias propias de las ajenas.

El programa de 23 ejes fundamentales y 176 propuestas de que consta, consensadas durante meses de duro trabajo y analizadas en las más altas esferas del gobierno y del partido, no constituye una reforma conceptual del modelo socialista, sino un rediseño racional con todos los deslindes de su constitución que, en las condiciones de bloqueo y escasez de recursos, operaban contra el avance de los objetivos trazados y estancaban una economía gravemente afectada por el bloqueo.

No es que se ponga a un lado la importancia de esa guerra económica como el factor fundamental de la crisis interna, sino que el proyecto bifurca los caminos para atacar con mayores y mejores definiciones y muchas más probabilidades de resultados favorables, las consecuencias negativas tanto del cerco imperialista como de las imperfecciones del sistema, más allá de sus interdependencias.

El mandatario expresó que para la elaboración de este ambicioso proyecto habían bebido de otras fuentes para tenerlas como referencias, y citó a China y Vietnam, dos economías que se distinguen por un rápido ascenso que las ha colocado entre los países vanguardistas por sus significativos avances en todos los campos que determinan el nivel de bienestar social.

Algunos medios, mal o bien intencionados, hacen evaluaciones intrépidas y fuera de foco, de ese paso estratégico que acaba de dar el gobierno revolucionario en la aplicación del concepto fidelista de revolución, y consideran -por su condición de emergencia pues debe ejecutarse en lo más sustantivo en lo que resta de 2026-, que este programa es resultado de las presiones del gobierno del presidente Donald Trump. No es así.

Una máxima marxista señala que las épocas económicas se distinguen no por lo que producen sino cómo lo hacen, y que los regímenes políticos se definen no por los medios para producir, sino por en qué manos están. Si los medios fundamentales de producción están en manos del Estado, ese es un gobierno del pueblo y para el pueblo.

Es el caso cubano, y también de China y de Vietnam. Incluso algunos llegan a afirmar que, para Cuba poder aplicarlo, el proyecto debe gustarle a ese señor de la Casa Blanca.

No se puede negar, sin embargo, que las presiones de Trump pesan mucho y hacen un gran daño al pueblo de la isla, y de lo que se trata es de enfrentarlo con iniciativas que conduzcan a una salida de la crisis mediante esfuerzo propio, de manera soberana e independiente. Pero nada más lejos de esa equivocada percepción que apunta a un sometimiento que no existe ni mucho menos pueda ser considerado el protagonista de los reajustes en la gestión económica cubana.

Cuba lleva años realizando reformas en busca de un perfeccionamiento de su modelo, y no porque sea un estado fallido como le gusta a Trump proclamar, sino porque el bloqueo económico actúa como una mandarria para derrumbar todo lo bueno que se crea y es necesario blindar el país.

Con Trump ya no es una mandarria la que golpea la economía y la sociedad cubana, sino una bola de hierro de demolición, como las que se usan para derribar edificios. La Habana también lleva mucho tiempo proponiendo a Washington negociaciones y participación de Estados Unidos en las inversiones de capital en la isla, desde una posición de principios insoslayable, lo cual sería muy conveniente para ambas partes.

Cuba se beneficiaría de un gran mercado muy cercano a sus costas y los del norte de un campo de inversiones muy prometedor. Pero esa oportunidad de establecer se tipo de relación económica la impide la soberbia y la vanidad, y nos los fantasmas inexistentes e inventados que agita Trump.

Y aquí viene lo interesante y lo que sistemáticamente obvian los voceros de la Casa Blanca, del Departamento de Estado y los medios que atacan a Cuba: si el gobierno revolucionario está haciendo renovaciones pertinentes de gran proyección institucional como las dadas a conocer por su presidente, es precisamente porque tiene existencia constitucional y operativa, aunque esté limitada por un cerco que busca asfixiarla. Como dijo Díaz-Canel, es lo que les duele.

Si en realidad fuese un estado fallido, ya se habría hundido en el Caribe. Con todas las amenazas, las tergiversaciones, la degradante política genocida que aplica el gobierno republicano -el cual ha vaciado contra la pequeña isla y sus 11 millones de habitantes absolutamente todo el arsenal de medidas destructivas y cientos de miles de toneladas de todo tipo de veneno publicitario y mediático-, el país sigue en pie sin que le flaqueen las piernas, y mantiene desplegada su bandera de la estrella solitaria con una dignidad y valentía más alta que el pico Turquino.

No haber doblegado a la isla en 65 años de bloqueo, y en particular en este año y medio del segundo gobierno de Trump, es una gran derrota para el imperialismo, y así debería ser reconocido. Trump, siendo un empresario exitoso, se ha dejado ganar por su ego y por criterios muy retrógrados que no se avienen al perfil pragmático del mercader.

Debería tomarse un tiempo y evaluar en toda su dimensión el programa económico que regirá a Cuba hasta finales de este año, el cual servirá de base a sus planes quinquenales.

Estados Unidos está invitado a participar en este nuevo impulso para liberar las fuerzas productivas maniatadas por el bloqueo. (Texto: Luis Manuel Arce Issac/AlmaPlusTV)

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