Camagüey, 5 jul.- La ciudad late con un ritmo especial, un ritmo que es raíz y memoria. Hace 18 años la UNESCO declaró nuestro Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad y este fin de semana la Casa de la Diversidad Cultural celebró todas esas comunidades que hicieron de la ciudad un crisol de cultural.
Este título se celebró en la peña “Herencia que baila y canta”, un espacio para celebrar y recordar que el patrimonio es una responsabilidad compartida. En ese contexto, el especialista Oreidis Pimentel, quien dio un repaso por la historia cultural camagüeyana y su identidad. Y como ejemplo de un patrimonio que se construye desde la esperanza, el primer momento cultural fue de la mano del proyecto comunitario Construyendo Sueños.
La jornada no fue solo para celebrar la ciudad sino también para festejar a una conga que ha marcado generaciones enteras, Los Comanditos. En este 2026 la conga infantil arriba a su 20 aniversario. Los niños y niñas que la conforman llevan el ritmo en la sangre y están siendo guardianes de nuestras tradiciones.
Para Camagüey, las congas no son solo música, es identidad, una fuerza que los pone a bailar en la calle sin preguntar por qué. En esta jornada de celebración, Los Comanditos, como gesto que trasciende el espectáculo, sellaron el compromiso de las nuevas generaciones con la ciudad con la donación de un tambor a la Casa de la Diversidad Cultural.
Este tambor guarda el eco de la infancia y la promesa del futuro. Con la firma oficial de la carta de entrega, el director de la conga infantil realizó el compromiso de mantener viva las tradiciones.
El homenaje por los 18 años de la declaración de la UNESCO dejó dos mensajes claros: el patrimonio camagüeyano se mantiene vivo gracias al relevo generacional, y la música de congas sigue siendo el vínculo más fuerte entre la historia y la comunidad. Con la donación del tambor y el compromiso asumido por Los Comanditos, Camagüey reafirma que la tradición no es un museo, sino una práctica cotidiana que los más jóvenes asumen como propia. (Texto y Fotos: Ana Laura Camacho La Rosa)
