El que bebe de tinajón, se queda: la leyenda que atrapa a Camagüey

Camagüey es un crisol de cultura y tradiciones. Entre todos, hay un elemento que es muy distintivo de Camagüey, uno que ha inspirado el dicho más famoso de la ciudad: el que toma agua de tinajón, ¡se queda en Camagüey!

Todo camagüeyano tiene un tinajón en su casa, aunque sea pequeño, pero ¿sabías esto del tinajón?

Este símbolo de la ciudad no es originario del antiguo Puerto Príncipe, llegó con los colonizadores españoles y fue aquí donde se volvió distintivo de nuestra identidad. En los años 1900 existía más de 16 mil tinajones, no obstante, hoy apenas quedan 2500 originales.

Creación del tinajón

Su elaboración es un proceso artesanal que comienza con el barro rojo extraído de la Sierra de Cubitas. Este material es trabajado con esmero en el torno por los maestros alfareros, quienes dan forma a la característica panza voluminosa y la cresta destacada de la vasija, mientras que la paciencia y la destreza manual guían cada pieza para hacerla única.

Con el tiempo, muchos de estos artesanos estampaban su sello personal y la fecha de fabricación en el barro, antes de que la pieza fuera cocida. El resultado final, una gran vasija de barro cocido, era destinado a enterrarse casi hasta la mitad para mantener el agua de lluvia fresca, convirtiéndose en una solución vital para las frecuentes sequías de la región.

¿Qué cuentan las leyendas?

Los tinajones camagüeyanos encierran siglos de historia, siendo el ejemplar más antiguo que se conserva una pieza fechada en 1760. Pero más allá de su valor material, estas enormes vasijas de barro cocido están impregnadas de leyendas.

Se dice que todo aquel que bebe agua de un tinajón queda irremediablemente prendado de la ciudad y se queda a vivir en Camagüey, un hechizo que muchos juran haber experimentado. Tan arraigados están en la cultura local que incluso protagonizan episodios heroicos, como aquel sucedido en 1875, cuando un soldado mambí, acorralado por las tropas enemigas, logró salvar su vida escondiéndose en el interior de uno de estos colosales recipientes.

Y así, entre el barro cocido que atesora la memoria de la tierra y el agua fresca que guarda secretos de siglos, el tinajón sigue en pie como el testigo mudo de una ciudad que, al igual que sus vasijas, se moldeó con paciencia y resistió al tiempo, guardando en sus entrañas no solo el líquido vital, sino el alma misma de Camagüey. (Texto: Ana Laura Camacho La Rosa) (Foto: Tomada de Internet)

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