La Serie Nacional: una necesidad en medio de la crisis

La Serie Nacional: una necesidad en medio de la crisis Foto: Internet

La Habana, 14 ago.- En medio de las severas limitaciones económicas que vive Cuba, celebrar la Serie Nacional de Béisbol no constituye un lujo prescindible, sino una responsabilidad cultural, deportiva y social con profundas raíces en la nación.

Nuestro deporte nacional no puede entenderse solo desde la planilla de gastos, los kilómetros de traslado o la falta de implementos.

Esos problemas existen, son graves y demandan soluciones concretas, pero no agotan el significado de un torneo que durante más de seis décadas ha unido a provincias, familias y generaciones enteras.

La Serie Nacional es el espacio donde cada territorio se reconoce. Cuando salen al terreno los equipos representativos de cada provincia no se enfrentan únicamente dos nóminas: comparecen historias locales, rivalidades antiguas, orgullos compartidos y una forma muy cubana de vivir la competencia.

En un país golpeado por la escasez, los apagones, las dificultades del transporte y la pérdida de poder adquisitivo, el béisbol no resuelve la urgencia material. Sería irresponsable afirmarlo. Pero sí ofrece algo que también resulta indispensable: un lugar de encuentro, una conversación pública y una posibilidad de pertenencia.

Los pueblos no subsisten solamente mediante alimentos, medicamentos, electricidad o transporte, aunque ninguno de esos asuntos admite postergación.

También necesitan cultura, símbolos y espacios que les permitan recordar quiénes son. La pelota cumple esa función en Cuba con una profundidad que pocas manifestaciones alcanzan.

Suspender la Serie Nacional tendría consecuencias que van más allá de la cartelera deportiva. Significaría debilitar el principal escenario competitivo de los peloteros jóvenes, reducir la visibilidad de los talentos provinciales y cortar el vínculo entre la base, las categorías de formación y los equipos de mayor nivel.

La Serie sigue siendo una escuela. En ella se forman atletas, pero también entrenadores, árbitros, anotadores, comentaristas, médicos y técnicos.

Allí se aprende a competir bajo presión, a representar una camiseta y a comprender que el resultado individual adquiere sentido dentro de una responsabilidad colectiva.

No obstante, defender el campeonato no implica justificar cualquier forma de organizarlo.

La realidad obliga a repensar el calendario, reducir trayectos innecesarios, garantizar condiciones mínimas de alimentación y alojamiento, priorizar la salud de los atletas y administrar cada recurso con transparencia.

El país no necesita una Serie Nacional sostenida por la inercia o por el discurso. Necesita una Serie digna, austera y mejor gestionada; una que responda a las posibilidades económicas reales, pero que no renuncie a su misión esencial: preservar el béisbol como patrimonio vivo y como derecho cultural de su gente.

Porque la pelota cubana no es un entretenimiento añadido a la vida nacional. Es parte de su lenguaje, de su memoria y de su manera de contar el orgullo y la derrota.

En tiempos de crisis, cuidar esa herencia no es evadir los problemas: es defender una parte de lo que aún mantiene unido al país. (Texto: ACN)

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