EE.UU, 16 ago.- La Casa Blanca puso un freno a las aspiraciones de Apple de sortear la crisis de suministros en el sector tecnológico. El gobierno de Donald Trump comunicó a la empresa su tajante oposición a la compra de chips de memoria fabricados en China, un movimiento que busca proteger la industria nacional y evitar la dependencia de un rival geopolítico.
Esta presión se produce en un momento crítico para la industria de los semiconductores. La fiebre por la inteligencia artificial ha disparado la demanda de chips de memoria destinados a centros de datos, generando un desabastecimiento que ha hecho subir los precios de manera exponencial y ha obligado a los fabricantes de electrónica de consumo a trasladar esos costes a los consumidores.
El propio secretario de Comercio, Howard Lutnick, confirmó haber manifestado a los ejecutivos de Apple que la administración no respalda que las grandes empresas estadounidenses recurran a proveedores chinos para resolver sus problemas de abastecimiento.
Lutnick insistió en la necesidad de hallar soluciones alternativas que no comprometan la posición de las compañías tecnológicas de EE. UU. en la cadena de suministro global.
La compañía de Cupertino se encuentra en una encrucijada complicada. Ante la imposibilidad de obtener suficientes chips de memoria de sus proveedores habituales, Apple ha estado probando componentes de los fabricantes chinos ChangXin Memory Technologies (CXMT) y Yangtze Memory Technologies (YMTC), con la intención de incorporarlos a los dispositivos que vende en el mercado chino.
El marco regulatorio estadounidense añade una capa de complejidad a la operación. Las normas vigentes exigen que las empresas estadounidenses obtengan licencias específicas antes de compartir información técnica y de diseño con empresas chinas como CXMT o YMTC.
Este requisito dificulta la posibilidad de que Apple encargue chips de memoria a medida para sus productos, aunque la compañía sí podría adquirir componentes estándar y negociar precios sin necesidad de esos permisos.
Sin embargo, el alto cargo de Apple, Sabih Khan, evitó confirmar las pruebas con chips de memoria chinos, aunque reconoció que la magnitud de la crisis de suministro obliga a evaluar todas las opciones disponibles.
Khan mencionó la posibilidad de colaborar con los proveedores actuales para aumentar su producción en territorio estadounidense.
La oposición a un posible acuerdo entre Apple y las empresas chinas no se limita a la administración Trump. Micron Technology, uno de los principales fabricantes de chips de memoria de EE. UU., ejerció una intensa presión sobre el gobierno para que bloquee cualquier movimiento en esa dirección.
Micron argumenta que la compra de componentes chinos perjudicaría directamente a la industria nacional y socavaría los esfuerzos de Washington por recuperar la producción de semiconductores.
Esta postura encontró eco en el Capitolio, donde varios senadores de estados clave para la industria, como Nueva York, Indiana e Idaho, remitieron una carta a Tim Cook en julio para instar a la compañía a no colaborar con los proveedores chinos.
Este conflicto añade una nueva fuente de fricción en la relación entre Apple y la administración Trump, que ha mantenido una presión constante sobre la empresa para que traslade una mayor parte de su cadena de producción a Estados Unidos.
Washington ya ha conseguido avances en esa dirección, como el acuerdo con Intel para la fabricación de algunos chips y el compromiso de que el cristal de las pantallas de iPhone y Apple Watch se produzca en el país.
Sin embargo, la decisión de Apple de buscar chips de memoria en China revela las enormes dificultades que enfrenta el sector para satisfacer la demanda actual, incluso para los gigantes tecnológicos.
La disputa subraya el delicado equilibrio entre la necesidad de asegurar el suministro de componentes esenciales y la creciente presión política para desacoplar las cadenas de suministro de China. (Texto y Foto: Cubasí)
