Más allá del 11-S: la larga sombra del terrorismo contra Cuba

La Habana, 11 sep.- El terrorismo contemporáneo ha experimentado transformaciones profundas desde los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ya no se trata únicamente de organizaciones jerárquicas con estructuras piramidales, sino de redes difusas, células autónomas y actores híbridos que combinan tácticas terroristas con operaciones de influencia, crimen organizado y guerra cognitiva.

La incorporación de tecnologías digitales, incluyendo la Inteligencia Artificial, ha amplificado exponencialmente la capacidad de reclutamiento, financiación y ejecución de los grupos terroristas.

Mientras las potencias occidentales centran su aparato de seguridad y su narrativa oficial en el «terrorismo islamista», subestiman de manera sistemática el peligro real que supone la creciente ola de atentados de signo supremacista, neonazi y nacionalista que sacude Estados Unidos y Europa.

Por otro lado, las potencias hegemónicas recurren cada vez más a tácticas terroristas encubiertas, sabotajes, asesinatos selectivos, ciberataques, contra países que resisten su dominación, presentándolas ante la opinión pública como «operaciones legítimas de seguridad».

Cuba constituye uno de los casos más documentados de país víctima del terrorismo de Estado sostenido en el tiempo, desde el triunfo de la Revolución en 1959.

Organizaciones como Alpha 66, Omega 7, Comandos F4, CORU y la FNca han operado abiertamente en territorio estadounidense, acumulando armas y ejecutando ataques contra la Mayor de las Antillas, sin que el FBI o el Departamento de Justicia hayan intervenido de manera efectiva.

La inclusión de Cuba en la lista estadounidense de Estados Patrocinadores del Terrorismo, desde 1982, constituye una inversión perversa de la realidad, cuando se acusa a la víctima de ser el agresor, mientras los verdaderos culpables gozan de impunidad.

¿Persiste el terrorismo contra Cuba desde Estados Unidos? La respuesta categórica es sí. aunque las tácticas han evolucionado, el objetivo sigue siendo el mismo: derrocar a la Revolución Cubana mediante la combinación de guerra económica, guerra cognitiva y actos de violencia directa e indirecta.

A pesar de que la era de los grandes atentados con bombas ha disminuido, grupos de cubanoamericanos vinculados a organizaciones de la extrema derecha estadounidense, Proud Boys, Oath Keepers, otras organizaciones como la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC), fundada en 2010, y el Directorio Democrático Cubano (DDC), entre otros, optan por métodos terroristas para derrotar a la Revolución.

Por un lado, EE. UU. mantiene abiertas las puertas de Miami para los grupos paramilitares y financia programas de subversión contra la Mayor de las Antillas.

El análisis de la situación actual revela una realidad incómoda para la comunidad internacional: Cuba es víctima de un terrorismo sistemático, planificado y financiado desde Estados Unidos, que no ha cesado en seis décadas y que se ha adaptado a las nuevas tecnologías. (Texto y foto: Granma Digital)

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