Envejecer en Camagüey en tiempos de cuidados (+ Fotos y Audio)

Envejecer en Camagüey en tiempos de cuidados

Camagüey, 15 sep.- Cuba es hoy el país más envejecido de América Latina y el Caribe. Al cierre de 2025 más de dos millones 500 mil personas tenían 60 años o más, una cifra que representa alrededor del 27% de la población nacional, según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) actualizados en julio de este año.

La edad media del país se establece en los 43 años y las proyecciones de la ONEI advierten que para 2040 el envejecimiento alcanzará el 36%, con una población que habrá disminuido hasta casi los nueve millones de habitantes.

Este fenómeno es el resultado de una baja fecundidad que no garantiza el reemplazo generacional, también de un saldo migratorio cada vez mayor que en el último año restó más de 245 mil personas al país.

El gobierno cubano coloca la atención integral al adulto mayor entre las prioridades nacionales, tal como lo reafirmó el primer ministro Manuel Marrero Cruz a ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, en su última sesión. En ese mismo escenario se subrayó que los nacianos constituyen el único grupo poblacional que crece en los últimos años, lo que exige elevar la prioridad de los programas de atención.

Envejecer en Camagüey en tiempos de cuidados

Como parte de esa estrategia el Consejo de Ministros aprobó el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida y su plan de acción 2026-2030, que busca redistribuir las responsabilidades del cuidado entre el Estado, la sociedad y las familias.

Una de las novedades es la autorización a actores económicos no estatales para prestar servicios de cuidados a personas adultas mayores. Esta apertura no busca sustituir al sistema público, sino complementarlo para ampliar las opciones de atención disponibles.

Detrás de cada uno de los porcentajes anteriormente mencionados hay una persona con memoria y afectos, es cada vez más elevado el número de adultos mayores en el país que viven solos.

El cuidado recae de manera abrumadora sobre las familias y, en particular, en las mujeres. La soledad, la falta de acompañamiento y la limitada oferta de atenciones permanentes son desafíos que el sistema estatal no logra resolver por sí solo.

Dinámicas sociales diversas, inclusivas y más activas exigen crear variantes para llegar a esos ancianos que esperan una visita, una palabra de apoyo o un simple gesto que les devuelva la certeza de que no fueron olvidados.

Ante tan complejo panorama algunos espacios abogan aún por preservar con esmero la estabilidad espiritual del adulto mayor. Casas de abuelos, hogares de ancianos y proyectos comunitarios se convierten en pequeños remansos donde la compañía, la terapia ocupacional y las actividades recreativas devuelven brillo a los ojos de quienes asisten.

UNA CASA DONDE SENTIRSE ÚTILES

La Casa de Abuelos Amalia Simoni, ubicada en el Consejo Popular Garrido-La Caridad, de la ciudad de Camagüey, es uno de los centros más concurridos y alabados por sus notables esfuerzos con este grupo generacional.

Allí 36 adultos mayores reciben cada día atención diurna, de una capacidad total de 50 plazas que el centro tiene habilitadas. Personas de la tercera edad se reúnen desde tempranas horas de la mañana hasta el atardecer para recrearse con un amplio programa de actividades culturales y deportivas.

Envejecer en Camagüey en tiempos de cuidados

No falta la alimentación, con desayuno, dos meriendas y almuerzo; tampoco la asistencia médica, que corre a cargo del Policlínico Ignacio Agramonte, cuyo director subraya el vínculo permanente con los delegados del Poder Popular para resolver cualquier problema que afecte al centro.

Esta es una institución de rehabilitación biopsicosocial, a él se incorporan los abuelos que tienen condiciones desfavorables en su casa, afrontan dificultades de salud o poco estímulo emocional, y que suelen deprimirse solos en casa.

“Los atendemos con un grupo multidisciplinario de trabajadores, doctores, psiquiatras, fisioterapeutas, especialistas deportivos y de la Cultura”, precisa su administradora, Marisel Reyes Artiles.

La adaptación, sin embargo, no siempre es sencilla. “Algunos ancianos entran el primer día y lloran, se afligen. A algunos no les resulta tan fácil adaptarse, salir del confort del hogar tantas horas del día. Pero poco a poco, gracias a las mismas dinámicas del lugar y a las compañías, hallan aquí una segunda casa”, comenta la encargada.

“Los familiares los traen precisamente para estimularlos, otros porque no pueden cuidarlos en casa y no quieren dejarlos solos, por miedo a posibles accidentes”, agrega.

En la Casa se desarrollan terapias ocupacionales, desde lecturas conjuntas hasta trabajos manuales con plantas y telas. Además, cuenta con una mini biblioteca y diversidad de juegos de mesa. “Tenemos también el proyecto Ritmo y raíz, donde hacemos que actúen, bailen y canten. Hacerlos sentir útiles de nuevo es nuestro mayor objetivo”, recalca Reyes Artiles.

Envejecer en Camagüey en tiempos de cuidados

Los propios beneficiarios confirman ese valor con sus testimonios y su gratitud.

         

La casa de abuelos funciona, cumple su cometido, pero lo hace en medio de un contexto de limitaciones que no se pueden obviar. Los pocos trabajadores buscan alternativas para garantizar la calidad del servicio y los propios ancianos son conscientes de que el esfuerzo humano y la vocación compensan, en buena medida, lo que falta en recursos materiales.

No hay en sus palabras un reclamo airado, pero sí la constatación de que el cuidado de la senectud, en el país más envejecido de América Latina, exige mucha voluntad, inversión y políticas sostenidas, y que la comunidad entera se involucre.

La dimensión espiritual, esa reconstrucción del lazo social, es quizá el mayor logro de esta casa de abuelos y es lo que convierte sus paredes en algo más que una edificación con dinámicas sociales muy bien pensadas.

Delegar a una institución las tareas de cuidado de un ser querido (que normalmente no son remuneradas en el hogar) es una decisión compleja. Merecen ellos toda la atención y comodidad posible, sobre todo por ser esta etapa la más difícil del proceso humano.

Después de vivir tantos años, de arduos trabajos y de experiencias de vida variadas y desafiantes, los ancianos necesitan la paz definitiva en su cotidianidad. Aún así, quizás sea esta una de las mejores opciones a potenciar para sostener la dignidad de quienes tanto dieron al país. (Texto y fotos: Chelsea Martínez Riera/Radio Cadena Agramonte)

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