Analizan impactos del bloqueo en las políticas editoriales

Analizan impactos del bloqueo en las políticas editoriales Foto: Cubadebate

La Habana, 23 sep.- El Centro Cultural Dulce María Loynaz acogió la mesa de debate «Cultura contra Bloqueo», un espacio donde intelectuales, editores y escritores cubanos analizaron las limitaciones que impone el bloqueo estadounidense al desarrollo de las políticas editoriales en la isla.

Participaron del panel los intelectuales y editores Ronel González, Enrique Ubieta, Michel Torres Corona y Juan Rodríguez Cabrera, quienes coincidieron en que el cerco económico, comercial y financiero de más de seis décadas no solo afecta la materialidad del libro, sino también la creatividad y la proyección internacional de la cultura cubana.

Durante su intervención, Torres Corona desglosó las tres dimensiones fundamentales del impacto del bloqueo en el sector editorial; la primera, dijo, es la material, quizás la más tangible.

El bloqueo encarece e impide la llegada de insumos básicos como papel, planchas, tinta y todo lo que lleva la industria poligráfica, lo que siempre fue difícil, hoy es prácticamente imposible, recalcó.

Además, explicó el fenómeno del over compliance (sobrecumplimiento de las sanciones), que provoca que navieras y empresas extranjeras rechacen cualquier vínculo comercial con Cuba por temor a represalias estadounidenses.

Hay un número desconcertante de contenedores varados por el mundo que podrían contener insumos para nuestra industria cultural, lamentó.

Señaló que la segunda dimensión de ese impacto es el aislamiento de la industria editorial cubana de los circuitos internacionales de difusión, porque «si no estás en las principales plataformas digitales, prácticamente no existes, hay una invisibilización artificial de la producción intelectual cubana», afirmó.

A esto se suman las trabas para la firma de contratos con editoriales extranjeras, la gestión de derechos de autor y la imposibilidad de que los escritores cubanos accedan a mercados como Amazon.

Torres Corona mencionó como tercera dimensión -y la más compleja- la simbólica, puesto que el bloqueo es parte de una guerra multidimensional que busca quebrar la voluntad de un pueblo.

No solo aspira a demostrar la ineficiencia del modelo, sino a que la gente, absorta por las dificultades materiales, pierda la capacidad de crear y de creer en el proyecto, subrayó.

En ese sentido, alertó sobre el riesgo de que los escritores se conviertan en «caja de resonancia» de la campaña contra Cuba.

Ubieta relató las dificultades cotidianas para mantener a flote una publicación periódica: escribir un texto que antes tomaba semanas hoy demora meses por los apagones; el diseñador no puede trabajar si no hay electricidad, han tenido que trasladar las computadoras a otros locales para cerrar un número, narró.

Destacó que, pese a todo, la solidaridad internacional ha sido un pilar fundamental: «Publicamos números en México, España, Alemania y pronto en Grecia, pero no podemos depender siempre de los mismos amigos porque la cultura nos salva después de que comemos, pero primero debemos comer», reflexionó.

Ronel González compartió su experiencia en el reciente Festival de Poesía de Medellín, donde fue recibido con admiración por ser el único cubano presente; sin embargo, al regresar, las autoridades colombianas le advirtieron en el aeropuerto que ya había restricciones con los cubanos -tras el cambio de gobierno- y que podían confiscarle parte de su equipaje.

Asimismo, criticó que plataformas como Amazon bloquean la publicación y distribución de obras de autores cubanos, lo que obliga a recurrir a terceros y a renunciar a los beneficios económicos.

Se debatió igualmente durante la charla, cómo el bloqueo afecta el talante creativo de los escritores cubanos; no obstante, los panelistas coincidieron en que la cultura cubana resiste.

Rodríguez Cabrera, a su vez presidente del Instituto Cubano del Libro, recordó las palabras de Fidel Castro (1926-2016) cuando expreso que «una cosa es la desinformación y otra es la pérdida de la capacidad de pensar».

Y añadió: «Esta Revolución se hizo para que la gente piense, para que tenga un pensamiento propio, por eso el bloqueo ataca precisamente ese punto básico».

El debate concluyó con un llamado a mantener la cooperación internacional, a diversificar las fuentes de financiamiento y a seguir produciendo tanto el libro físico como el digital, pues, como señaló Rodríguez Cabrera, «entre el 88% y el 89% de los lectores cubanos siguen prefiriendo el libro impreso».

«Cultura contra Bloqueo» reafirmó que, a pesar de las limitaciones, la política editorial cubana continúa siendo un bastión de resistencia y un espacio irrenunciable para el pensamiento y la creación. (Texto: ACN)

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