Desde 1960 Fidel dio lecciones inéditas en la ONU

La Habana, 26 sep.- El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz ocupó el podio de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en cuatro memorables ocasiones.

Desde la primera, en 1960, hasta la última, en el 2000, ofreció lecciones inéditas y cautivó al heterogéneo auditorio por su pensamiento orgánico, coherente, y por una posición de principios poco común en esos foros internacionales.

Lo acostumbrado en los discursos que se escuchaban en la ONU era la desconexión entre las apreciaciones de numerosos mandatarios y las realidades que debían enfrentar las grandes mayorías, con excepción de los enérgicos pronunciamientos de los representantes de aquellos pueblos que no renunciaban a erigir un mundo mejor, signado por la equidad y la justicia.

Ese abismo se ensanchaba en cada periodo de sesiones del organismo multilateral, porque nadie como el Jefe de la Revolución empleó esa tribuna -en la cosmopolita urbe neoyorquina- para denunciar atropellos, expresar verdades y defender principios, además de proponer soluciones sobre los problemas globales y coyunturas más complejas de nuestra época.

Fidel intervino por primera vez en la XV Asamblea General de las Naciones Unidas, el 26 de septiembre de 1960, como Primer Ministro del Gobierno Revolucionario de Cuba; vestido con el legendario uniforme verde olivo pronunció un vibrante discurso que hizo historia y trascendió no solo por lo extenso, sino también por su enérgica posición -en nombre del país- contra la brutal filosofía de la guerra.

Impactó su contundente advertencia: “Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra”, para remarcar: “Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso”.

Con igual ímpetu subrayó la necesidad del pueblo cubano a su autodeterminación, a la defensa de su soberanía y desarrollo: (…) “Se habla del deseo universal de paz, que es el deseo de todos los pueblos y, por tanto, el deseo también de nuestro pueblo, pero esa paz, que el mundo desea preservar, es la paz con que nosotros los cubanos no contamos desde hace rato”.

Su alocución en el recinto neoyorquino despertó enorme interés, al desplegar ideas acerca de la paz, la lucha contra el colonialismo y el imperialismo, el desarme nuclear, la explotación de los pueblos y, en especial, llamó la atención el reclamo de que la República Popular China ocupara el escaño que legítimamente le correspondía en la ONU.

Nunca una personalidad había despertado tantas expectativas en el seno de ese foro diplomático, en el cual más de 800 delegados de 96 naciones permanecieron atentos a su serena y medular exposición, la cual se extendió durante cuatro horas y 29 minutos, que constituyó un récord.

Al alzar su voz en nombre de Cuba asombraba la audacia, rigor y profundidad de quien acababa de liderar una Revolución genuina, en aras de conquistar la libertad definitiva que ofrecería una vida digna para los hombres y mujeres que vivieron sojuzgados por gobiernos que no representaban sus intereses.

En el aniversario 66 del discurso más largo en la historia de la ONU, pronunciado por nuestro invicto Fidel, se confirma que sus señalamientos se convirtieron en ejes de trabajo y de acción, y en torno a estos encauzó su pensamiento y el actuar de la pequeña nación del Caribe con los pueblos del orbe.

Se evoca la imagen de aquel joven rebelde, parado firme por vez primera en la tribuna de las Naciones Unidas, con su traje de campaña y en exposición de sus irrebatibles verdades, y, sobre todo, legar para la historia huellas profundas del espíritu antiimperialista y el afán por la justicia que han acompañado siempre a la Revolución cubana.

Sus palabras devinieron denuncia al imperialismo estadounidense, a su injerencia en la región y a la prepotencia que sigue imponiendo a escala internacional. Dicen que, a la mañana siguiente, el Departamento de Prensa de ese organismo universal distribuyó en cinco idiomas el discurso del estadista antillano.

Se imponía hacer valer la voz de Cuba en esa institución ante las campañas de mentiras y difamación sobre la Revolución, elaboradas por las matrices de la propaganda norteamericana y replicadas por la inmensa mayoría de los medios en el planeta, con el fin de crear condiciones para un ataque contra el territorio caribeño.

Además de participar en los debates en ese órgano, Fidel tuvo provechosos intercambios, por ejemplo, con el Primer Ministro de la Unión Soviética, Nikita Jruschov, quien manifestó su simpatía por la personalidad del Comandante en Jefe, quien devolvió el gesto al asistir a la sede diplomática de esa nación en la ciudad de Nueva York.

Ante la negativa de brindarles hospedaje donde se había previsto, Fidel y su comitiva se alojaron en el hotel Theresa, situado en Harlem, en cuyos predios los arroparon la comunidad negra que mostró satisfacción de acoger a los cubanos y al hermano de batalla, al guerrillero victorioso de la Sierra Maestra.

Allí recibió a Malcom X, al Presidente de la República Árabe Unida, Gamal Abdel Nasser, y al primer ministro de la India, Jawaharlal Nehru, mientras que en el edifico de la organización multilateral saludó, igualmente, al primer ministro de Ghana, Kwame Nkrumah.

Con 53 años de edad, en octubre de 1979, el Comandante en Jefe regresó a territorio estadounidense, esta vez para asumir el mandato de presentar el resultado de las deliberaciones y los acuerdos emanados de la VI Cumbre de Jefes de Estado o Gobierno del Movimiento de Países No Alineados, celebrada del 3 al 9 de septiembre de ese año en La Habana.

En esa oportunidad acentuó: “Los principios de la coexistencia pacífica deben ser la piedra angular de las relaciones internacionales”, además de poner en evidencia que la explosión demográfica no era la causa, sino la consecuencia del subdesarrollo.

El 21 de octubre de 1995 intervino otra vez en la ONU durante las sesiones especiales desarrolladas con motivo del quincuagésimo aniversario de la organización. Allí denunció: “El anacrónico privilegio del veto y el uso abusivo del Consejo de Seguridad por parte de los poderosos, entronizan un nuevo colonialismo dentro de la propias Naciones Unidas”.

“La lucha por lo imposible debe ser el lema de esta institución que hoy nos reúne”, con tal premisa se presentó Fidel, cinco años más tarde, en septiembre del 2000, cuando volvió a brillar con su elocuente verbo y sus verdades irrefutables, esta vez en la denominada Cumbre del Milenio.

Si bien cada uno de sus análisis ante foros en la Asamblea General estuvieron permeados por imperativos del momento en que ocurrieron, son expresión de una visión orgánica acerca de los graves riesgos impuestos por un orden internacional injusto, y además constituyen testimonios de honda significación dialéctica y creadora de cómo enfrentar los desafíos.

Cada intercambio fue aprovechado para dar a conocer la realidad cubana y mostrar la política exterior de la Revolución, vertebrada sobre principios irrenunciables, y los intereses de los pueblos latinoamericanos y tercermundistas, quienes vieron reflejados en su voz las aspiraciones más nobles de naciones históricamente pretendidas en los escenarios internacionales. (Texto y foto: ACN)

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