Los perros aprenden a distinguir las palabras como los humanos

Hungría, 30 sep.- Así lo demuestra un estudio publicado en la revista Science por un grupo de neurocientíficos y etólogos de la Universidad Loránd Eötvös de Budapest.

Los resultados sugieren que un procesamiento eficiente del habla no es necesariamente una consecuencia de las capacidades lingüísticas exclusivas de los seres humanos: la exposición regular al habla por sí sola puede modificar el funcionamiento cerebral, incluso en una especie de mamífero evolutivamente distante del ser humano.

«Las palabras están compuestas por dos tipos principales de sonidos: vocales y consonantes», explicó el neurocientífico Attila Andics.

«Aunque las vocales son más intensas y perceptivamente más evidentes, las consonantes suelen constituir el esqueleto de las palabras.

En un flujo continuo de habla, es más fácil identificar las palabras individuales al concentrarse en las consonantes.

Y eso es exactamente lo que el cerebro humano tiende a hacer desde la primera infancia», explica.

Para determinar si este fenómeno, conocido como «sesgo consonántico» («consonant bias»), es resultado del aprendizaje o de un «cableado» innato de las conexiones cerebrales, los investigadores compararon los registros de electroencefalogramas de 20 personas y de otros tantos perros domésticos, mientras escuchaban secuencias continuas de pseudopalabras formadas por tres sílabas.

Los resultados mostraron que los perros, al igual que los seres humanos, tienden a apoyarse más en las consonantes que en las vocales para identificar los límites entre las palabras.

Esta capacidad «no aparece solamente en los perros que vivieron en un entorno rico en estímulos verbales durante los primeros meses de vida, un período en el que son particularmente sensibles a las experiencias sociales. Incluso los perros que habían pasado sus primeros tres meses de vida en la calle o en un refugio, en lugar de hacerlo con una familia, mostraron una marcada preferencia por las consonantes», explicó la psicóloga Kinga G. Tóth.

«Esto aporta una prueba adicional de que esta preferencia no requiere mecanismos innatos de procesamiento del lenguaje que se desarrollan durante una etapa específica del crecimiento. Por el contrario, esta preferencia neuronal puede surgir también mediante formas relativamente simples de aprendizaje de patrones recurrentes», concluyó Tóth. (Texto y Foto: Cubasí)

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