Raúl Pers González y el “miedo” a las alturas (+ Fotos)

A propósito del Día del Trabajador Eléctrico en Cuba

Por Enrique Atiénzar Rivero/Colaborador.

Durante más de 30 años Raúl Pers González subió y bajó postes del servicio eléctrico sin la sombra de un accidente, lo que le sirvió como carta de crédito, junto a los conocimientos teóricos, para dedicarse  a impartir clases como profesor de la Unidad Empresarial de Base de Formación y Desarrollo de la Empresa Eléctrica Camagüey, aun con 81 primaveras sobre sus espaldas.

El secreto, según sus palabras, es aplicar lo aprendido en las aulas y en el terreno y cumplirlo al pie de la letra.

Con la vitalidad de más de ocho décadas vividas imagino a Pers venciendo el miedo en las alturas antes de pasar a instructor y graduarse de técnico de nivel medio en sistema eléctrico, y aunque hubo un momento para la jubilación, no perdió el amor por la profesión y volvió a ejercer la docencia.

El desgaste por los años -que no son  visibles por la manera ágil de desplazarse al caminar- le ha jugado una mala pasada. No puede ser el mismo mocetón que se reía del mundo ascendiendo y descendiendo los postes, sin embargo hoy promueve que otros los escalen.

“Para trabajar en altura hace falta mucha práctica, que se enseña desde la parte inicial de los cursos. Eso tiene sus secretos, pues además de mucha seguridad, hay que aplicar lo que dicen las normas, llevar bien los ángulos de las espuelas, y coordinar manos y pies. Ello evita que uno se caiga”.

Pers viajó a la capital cubana para asimilar conocimientos de un curso anti caída, lo que transfiere actualmente a sus alumnos para evitar un resbalón y parar en el vacío.

¿Cuál fue el máximo de altura que subió?

“En aquella época hasta sesenta y cinco pies, máxima altura de un poste, que es la norma usada en nuestra empresa”.

¿Nunca le dio mareo?

“Tuvimos buena escuela en aquel tiempo. No es fácil subir de 35 pies hacia arriba. La ingravidez es real y hay que tener una serie de técnicas”.

¿Por qué ríe?

“Una cosa es decirlo y otra es hacerlo. Tienes que enfrentarte a la realidad, de cómo vencer el miedo. Es normal, la altura da miedo, pero es posible vencerlo con la técnica adquirida a través del tiempo”.

Como liniero Pers tuvo la oportunidad de integrar una Brigada Roja Camagüeyana en la electrificación de los centros de acopio cañero de la provincia durante más de un año. Lo mismo  subía a espuelas que con escalera, un entrenamiento muy riguroso que lo ayudó a desarrollarse.

“Te mantenía en forma como el pelotero que practica todos los días”, explicó, y trae a la conversación anécdotas de alumnos  que ayudó en su formación. “Me ven y me dicen profe, linieros ya desarrollados en caliente, con una alegría tremenda”.

Piensa retirarse cuando se le agoten las fuerzas: “Entregaré los guantes, pero mientras tenga salud, que tengo bastante, voy a seguir”, mientras se lleva la mano al candado de la barbilla cubierta de canas.

Tiene cuatro hijos de diferentes matrimonios: una hembra, de 52 años, enfermera, y tres varones de 49, 45 y el más pequeño de 34, quienes desarrollan, respectivamente, sus actividades en el turismo en Matanzas; en línea de vuelo, en el aeropuerto Ignacio Agramonte, y la licenciatura en Bioanálisis químico.

No siguieron  su tradición, pero “todos me quieren” y sentirán el orgullo de que su padre, a fuerza de disciplina y apego a las normas perdió el miedo a las alturas. (Fotos: Alejandro Rodríguez y Leandro Pérez/Periódico Adelante)

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