Por Juan Mendoza Medina/ Radio Cadena Agramonte.
Varias décadas de vida acumulan los camagüeyanos Miguel Castillo Márquez, Ernesto Martínez Martínez y Osmel Álvarez Rabí entregadas al sector azucarero, con tal consagración que con orgullo y sencillez exhiben la condición de millonarios en la cosecha de la caña.
Dicho resultado constituyó la principal motivación de Radio Cadena Agramonte para, minutos antes de un acto de reconocimiento en la Ciudad de los Tinajones, conversar con ellos y descubrir las razones y fuerzas que posibilitan esas materializaciones, tan necesarias de multiplicarse en cada cañaveral cubano.
Perteneciente a la Empresa Agroindustrial Azucarera Batalla de las Guásimas, en el municipio de Vertientes, Castillo Márquez asegura que la clave está en mantener la combinada siempre lista, y otro factor decisivo es el apoyo en cuanto a la transportación de la gramínea.
“La máquina se convierte casi en parte de la familia de uno: trabajamos en turnos de 12 horas, tanto de día como de noche”, confiesa este hombre de 66 años de edad, con 46 zafras como millonario, y agrega que “estaré hasta que el cuerpo me diga que me vaya a descansar”.
El anterior criterio lo comparte Osmel Álvarez Rabí, pues asegura que la combinada hay que cuidarla, más cuando faltan tantos recursos como ahora, y quizás ahí, en medio de las limitaciones, está el secreto para alcanzar el millón de arrobas -y más- de la materia prima suministrada a la industria.
Este operador de la Empresa Agroindustrial Azucarera Carlos Manuel de Céspedes, en el territorio de igual nombre, tiene un propósito cada día: cumplir con la tarea de corte con esfuerzo y sacrificio, para lo cual cuenta con el apoyo de toda la familia, ya que “a veces me paso 24 horas trabajando, cuando hay alguna dificultad con otro compañero”.
Igual mérito de millonario lo ostenta Ernesto Martínez Martínez, también del municipio cespedeño, y en su pelotón, cuenta, las máquinas tuvieron buena productividad en la pasada zafra, a pesar de las carencias.
“Una jornada laboral nuestra es dura, más en momentos en los que no hay insumos, pero hacemos todo lo posible por cumplir y buscar soluciones cuando hay roturas”, gracias, en buena medida, a las inventivas de mecánicos, soldadores y los propios operadores, con las que, incluso, ahorran portadores energéticos.
Para la cercana contienda, la número 38 para Ernesto, “nos concentramos en las reparaciones de aquello que nos dio problemas en la pasada zafra, y el reto será seguir aportando al país.
Es un trabajo fuerte el que hacemos, aunque las máquinas CASE de ahora son más confortables, pero igual me gusta, y cuando me subo a la combinada lo primero que pienso es en cumplir la tarea del día”.
En obreros como estos tres hay garantía de continuidad en el sector, y ejemplo de sobra para contagiar a las nuevas generaciones; sin embargo, todavía queda por hacer para salvar la tradición del gremio: hay que darle más atención al trabajador, subir la motivación, comenta Martínez Martínez; en tanto Álvarez Rabí reitera la necesidad de “tirarle más a la caña, que es lo que nos está golpeando, hay muy poca y mal atendida. Ese es el problema fundamental”.
Miguel, Ernesto y Osmel encarnan las cualidades que por siglos han identificado a los azucareros cubanos: constancia y sentido de pertenencia. Lo que ellos, como muchos otros, logran en cañaverales e ingenios constituye una muestra de que todavía el sector puede aportar a la economía del país y mantenerse como símbolo de la historia y la cultura de una nación. (Fotos: Periódico 5 de Septiembre y del autor)
