Editorial.
La voluntad de resistencia del pueblo cubano, nacida el 10 de octubre de 1868 con el inicio de las luchas independentistas, cobra fuerza ante cada nuevo episodio de la barbarie yanqui contra la mayor de las Antillas, protegida ahora por el escudo protector de la unidad, aunque no exenta de amenazas.
Más de siglo y medio nos separa de aquella clarinada libertaria, cuando Carlos Manuel de Céspedes al redimir a sus esclavos y llamar al combate anunciaba al mundo que la independencia cubana no era una aventura del momento, sino el comienzo de una lucha que se hizo patente por más de una centuria.
En ocasión del centenario de la heroica gesta del ´68, el Comandante en Jefe Fidel Castro manifestó “(…) en Cuba solo ha habido una Revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes”.
Tal axioma conserva a este pueblo dispuesto a hacer frente a contingencias y enconos como el genocida bloqueo económico con el que se pretende la rendición por hambre, necesidades y desesperación, según reza en los tenebrosos postulados de ese ilegal y obsoleto engendro político.
A ello se une el hecho de incluir a Cuba en la espuria nómina de países supuestamente promotores del terrorismo, insana decisión que ha tenido el rechazo de gran parte del mundo, con muestras en la reciente Cumbre del Grupo de los 77 y China, y en el 78º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Por supuesto, la desaprobación planetaria del despropósito yanqui no ha tenido el más mínimo efecto en las malsanas intenciones para con la nación cubana, y aunque cuya soberbia va más allá de toda cordura, los mambises de estos tiempos se mantienen -en determinante mayoría-, empeñados en continuar con la obra iniciada hace 155 años.
Deviene el alzamiento de La Demajagua acicate para seguir en la batalla y seguros de la victoria, un sustento basado en el hecho de que aquí se ha desarrollado una integración de lucha y resistencia estratégicamente moldeada por el siempre presente Comandante en Jefe Fidel Castro.
Precisamente ese legado marca el sendero para, frente a los ataques y necedades del imperialismo yanqui y sus lacayos, hacer partícipe de la batalla y acción revolucionarias a todo el pueblo, decisión en la que perviven los ideales de Céspedes, quien fuera el alma de aquel octubre luminoso de 1868, cuyo resplandor bañó la gesta del 26 de Julio y el triunfante 1ro. de enero de 1959.
El complejo panorama que hoy se enfrenta motiva la debida respuesta de la mambisada de estos tiempos para impulsar el combate por la soberanía alimentaria, la aplicación de ágiles dinámicas en todo el universo económico y lograr el necesario reflejo en lo social, irrevocable línea de la Revolución.
Es en ese frente donde urge cargar inspirados en las razones agramontinas y fidelistas que nos asisten, seguros de que una vez más se obtendrá la victoria.
Como se ha afirmado, el legendario Camagüey y toda Cuba se mantienen en la batalla con la convicción de conservar a esta isla intensa, altiva y soberana, y de seguir en Revolución inspirados en el infinito Grito de Yara. (Foto: Archivo)
