La Habana, 18 oct.- En nuestras aguas costeras habitan sobre nuestros fondos someros unos moluscos con una concha muy bella de color rosado. Nos referimos a los cobos (Strombus gigas), muy apreciados siempre por los pobladores costeros.
Numerosas culturas aborígenes de nuestra región lo utilizaron como herramienta, elemento decorativo, instrumento musical u objeto ceremonial, además de formar parte de su dieta habitual. Tal es así, que aún se pueden encontrar en Cuba sitios arqueológicos repletos de restos de conchas de cobo. Los aborígenes tenían por costumbre hacer un pequeño orificio a la concha, en un lugar muy preciso para poder extraer el animal entero sin mucha dificultad.
Los cobos viven en las aguas poco profundas del mar Caribe, en fondos arenosos, cubiertos por pastos marinos y también por arrecifes coralinos. Se alimentan de algas microscópicas, pastos marinos y desechos orgánicos, desempeñando así un roll muy importante en los ecosistemas marinos.
La percepción que tienen buceadores y pescadores con los que hemos intercambiado es que sus poblaciones en la plataforma marina de Cuba han experimentado una significativa disminución con respecto a décadas atrás en las que era muy abundante. Ellos atribuyen a la sobrepesca como la causa fundamental de la disminución, especialmente en áreas cercanas a grandes núcleos poblacionales; aunque las pesquerías solo están autorizadas a empresas estatales y estas se realizan desde menos de 10 puertos pesqueros del país.
Se requiere de una licencia ambiental, así como de la ejecución previa ꟷpor parte del Centro de Investigaciones Pesquerasꟷ de prospecciones y evaluaciones de las áreas para determinar el estado de las poblaciones y si estas permiten la realización de pesquerías sostenibles. Entre las medidas de manejo de esta pesquería se encuentran el establecimiento de una veda en el periodo reproductivo (del 1ro. de mayo al 30 de septiembre de cada año); la aplicación de una talla mínima legal de captura de 10 milímetros de grosor del labio; y autorizar la captura de la especie solo por inmersión libre de quienes la ejercen en un rango de profundidad de tres a diez metros sin el uso de equipos de buceo autónomo, con el objetivo de limitar el esfuerzo pesquero sobre las poblaciones de cobo.
La investigadora Patricia Canet Mulen del Centro de Investigaciones Pesqueras (CIP) nos apunta a que el promedio anual de las capturas es de 399 toneladas, «con un comportamiento estable y con una tendencia al incremento, puesto que las poblaciones se encuentran en estado saludable, con presencia de pre-adultos y juveniles que aseguran la autorrenovación de la población».
El CIP, al concluir las evaluaciones que realiza habitualmente a las pesquerías de cobos, siempre recomienda capturar con enfoque precautorio, aun cuando se observe abundancia de la especie, con el objetivo de no colapsar sus poblaciones.
Los cobos están protegidos por la Resolución No.160/2011, Regulaciones para el Control y la Protección de Especies de Especial Significación para la Diversidad Biológica de Cuba, y también por la Convencion sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de la Flora y Fauna Silvestre (CITES), en ambos casos apéndice II. Pero necesitamos hacer más para conservar sus poblaciones y hacer un uso sostenible de ellas. (Texto y Foto: Juventud Rebelde)
