Jorge Hernández Madruga tenía previsto estar otros meses en Jamaica como parte de la Brigada Médica Cubana en la nación caribeña, por eso la sorpresa fuera grande cuando el 5 de marzo último el gobierno local determinara concluir la cooperación con el sistema sanitario de la mayor de las Antillas, intercambio que databa de más de 50 años.
“Una decisión que crea una presión asistencial, porque nueve médicos para un área de salud con gran afluencia de pacientes es muy poco. Allí por día acuden de setenta a noventa personas y eso es un gran número, por eso al salir la Brigada Médica Cubana se vieron presionados y todos no pueden ser atendidos en una jornada, entonces tienen que dosificar y hacer la clasificación para determinar los que deban esperar un poco más”.
Máster en Enfermería, Jorge volvía a Jamaica después de 20 años. Muy joven llegó a esa tierra de sabores peculiares y cultura cercana a la parte más insular Cuba.
“Fue una experiencia única para mí, porque en ese momento tenía 35 años y conocía someramente el idioma inglés -relata de su primera experiencia como representante del ejército cubano de batas blancas en otras latitudes-. Jamaica es un país muy fuerte para desempeñarse como profesional por todos los protocolos y exigencias que tienen los países de habla inglesa. Al llegar allí fue un impacto algo grande, nos fuimos familiarizando de a poco. La política de ellos es evaluar durante tres meses tu desempeño profesional y lingüístico para poder designar dónde te van a poner. Por suerte como mi nivel profesional ha sido casi todo el tiempo en el primer nivel de atención me designaron a trabajar en un Health Center.
En esa ocasión estaba en la zona oeste del país y ahí el desarrollo, el nivel de vida es más alto que en el área donde estuve durante los últimos meses, la parte este, la más pobre del país. Me sirvió mucho para la esfera social y profesional intercambiar, ayudar, a las personas más humildes de Jamaica”.

Pudiste entonces ver dos rostros de una misma nación.
“Sí, comparé los dos niveles de vida. Yo estuve en la zona de Manchester, Mandeville, una ciudad bastante desarrollada y ahora viví en la parte pobre y olvidada del país. Muy difícil. Hubo contraposición entre los dos extremos, después de veinte años me encontré con otro Jamaica”.
¿Y cómo era esa relación entre los pacientes y el personal de la salud cubana?
“La relación muy buena, siempre nos buscaban y querían interactuar. Para mí fue un impacto emocional muy fuerte el cierre de la colaboración médica porque dejé allá buenas amistades, aún recibo llamadas desde allá preguntándome que si volveríamos otra vez si se reanudara el contrato.
Y aclaro que nunca pasó por mi mente la idea de quedarme allá, sin regresar con la satisfacción del deber cumplido. Nunca pensé en desertar, esa palabra no está en mi lenguaje”.
Comentaba del asedio que recibieron desde el momento que se rescindió el contrato de colaboración, de cariño y también muestras negativas.
“Esas no fueron muchas, pero si había detractores que hablan de esclavitud y trata de personas, pero nunca lo concebí de esa forma pues nosotros salimos con disposición. Hubo un momento en el que sí teníamos miedo de salir a la calle porque las personas venían para arriba de uno y no sabías con qué intención lo hacían, si era para darte gracias o para pedirte que te quedaras con ellos, que los cuidaras. Fue un momento muy tenso esos quince días esperando que se coordinara el vuelo para regresar a Cuba”.
En la atención sanitaria siempre se viven momentos complejos, se está cuidando la vida. ¿Alguno que pudieras compartir de estos últimos meses de colaboración en Jamaica?
“Yo estaba ahí en funciones administrativas principalmente, pero fue una experiencia tensa tener que tomar decisiones urgentes para garantizar la atención del paciente; había que hacer todas las coordinaciones, solicitar ambulancias, etc., porque estaba a 25 kilómetros de la cabecera del municipio en un hospital de una zona rural.
En una ocasión tuvimos que atender un accidente de moto, un hombre que llegó con varias fracturas y hubo que ponerse fuerte, usar la técnica y los conocimientos para poder salvarle la vida y evacuarlo para el hospital. Yo no lo conocía, pero después que se recuperó supimos que era trabajador del mismo policlínico donde yo estaba, de la campaña de vectores. Entonces nos transmitió el agradecimiento pues siempre estuvimos muy preocupados por su estado, porque tenía fractura abierta de fémur y eso se puede complicar; pero verlo ya recuperado nos dejó una gran satisfacción”.
¿Como trabajador de la salud se mantiene la disposición de ayudar en otras latitudes?
“Para nosotros es un compromiso llevar la salud a pueblos hermanos y está mi completa disposición si necesitarán que por cuarta ocasión cumpliera misión internacionalista donde nos envíe el país”. (Texto: Diosmel Galano Oliver/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Ricardo de Miranda Rodríguez)
