1452 – Nace Leonardo de Vinci

La bicicleta, la Gioconda, el paracaídas, el alas Delta, La Ultima Cena, la escafandra de buzo. Todo lo enumerado en esta lista, al parecer ilógica, donde figuran juntas obras de arte famosas y atributos del deporte, fue creado por un mismo hombre: Leonardo de Vinci (1452-1519), pintor, escultor, arquitecto, músico e ingeniero. Nació un día como hoy en una aldea cercana a Florencia, Italia. En este genio, la actividad artística y la científica nacen de un mismo origen y retoñan incesantemente la una de la otra. El dibujo es siempre en él verdaderamente un lenguaje, dotado de extraordinaria fuerza creadora y de la misma claridad, belleza y expresividad, cualquiera que pueda ser su tema y contenido. No era solamente pintor, sino también escultor. Había modelado algunas cabezas, las escenas de un Vía Crucis y un caballo de proporciones gigantescas. Además era músico: tocaba la flauta y la lira y, según refieren sus contemporáneos, cantaba divinamente. Era además herborista y botánico. En Florencia conoció algunos médicos célebres y se dedicó a estudiar anatomía. Era tan amante de la naturaleza, que hoy día se le consideraría un ecologista. Planeó una ciudad ideal, llena de espacios verdes, atravesada por canales y con calles que pasarían por encima y por debajo de las casas. Dentro de él vivía un inventor apasionado: consagró la mayor parte de su potencial creador a diseñar y construir aparatos, dispositivos y mecanismos que permitieran adueñarse del agua y el aire, dominar la velocidad y el espacio, invenciones absolutamente fantásticas para los humanos de aquella época.

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