Esteban Pichardo y Tapia es, sin dudas, uno de los más importantes geógrafos del siglo XIX en Cuba, aunque su nombre no haya alcanzado una fama equivalente al valor de su obra ni esta última haya recibido la difusión que merece. Nació en La Española, isla llamada entonces Santo Domingo, como hoy se denomina a la capital de la República Dominicana, el 26 de diciembre de 1799. Pichardo llegó a Cuba por Puerto Príncipe (actual Camagüey) siendo un párvulo. El joven dominicano matriculó en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, estudiando con los mejores preceptores de su época, y después obtuvo el título de abogado en la Universidad de La Habana. Más adelante se hizo agrimensor y recorrió gran parte del país. No sólo profundizó extraordinariamente en el conocimiento de la geografía física de la Isla de Cuba, sino que compendió una extensa relación de términos de uso frecuente, muchos de los cuales eran cubanismos empleados por la población para calificar elementos de la naturaleza. Estas indagaciones y recopilaciones le permitieron dar a la estampa en 1836 la notable obra titulada Diccionario Provincial casi razonado de voces cubanas. Produjo una obra intelectual de carácter multidisciplinario que abarcaba el arte y la ciencia: poesía, música y pintura; novelística, agrimensura, filología; pero, sobre todo, abarcó la geografía y la cartografía: casi un enciclopedista. La mejor parte de su talento científico se expresó en la cartografía. Trazó innumerables mapas y planos de diferentes partes de Cuba. En este campo, su obra cumbre fue un gran mapa del Archipiélago publicado entre 1874 y 1875. Se tituló Carta Geo-hidro-topográfica de la Isla de Cuba, y fue resultado de más de 20 años de trabajo. Pichardo empleó una simbología muy similar a la adoptada en los mapas contemporáneos y una excelente base matemática. La Carta fue un referente cartográfico fundamental para Cuba hasta casi un siglo después; a partir de ella fue calculada el área del archipiélago en 124 500 kilómetros cuadrados, un valor lejano al real, pero de importancia histórica para su época. Las autoridades coloniales fueron muy duras con él a causa de sus ideas políticas; enfrentó persecución y hasta la cárcel, pero la Real Sociedad Económica y la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana le distinguieron con los mayores elogios y honores. Esteban Pichardo y Tapia murió en La Habana el 26 de agosto de 1879.
