Sus energías físicas se habían empobrecido y la salud era débil e insegura, pero eso no impidió a nuestro Martí que se mantuviera en pie, activo y capaz y que corriera contento de un sitio al otro, con el fervor encendido para asegurar la unión sólida de todos los grupos de emigrados. Tampa, Cayo Hueso, Ocala, Jacksonville, Nueva York, Filadelfia. Y en Filadelfia, en el Club «Silverio del Prado», advirtió sobre el peligroso desconocimiento de los méritos y sacrificios de nuestros pueblos que prevalecía en el Norte.
