El 21 de octubre de 1896, el sanguinario general español Valeriano Weyler dicta el bando de reconcentración, una de las más inhumanas medidas aplicadas por una metrópoli en sus colonias del Nuevo Mundo. La reconcentración de la población en las ciudades, para evitar que colaboraran con los mambises en los campos insurrectos, significó la muerte de más de 400 mil cubanos por hambre y enfermedades, en su mayoría niños, mujeres y ancianos.
