El 8 de febrero de 1898, Estados Unidos pone en práctica la última etapa del plan encaminado a buscar un pretexto que justificara su intervención en la guerra hispano-cubana. En esa fecha, el periódico New York Journal, del magnate guerrerista William R. Hearst, publicó una carta confidencial que Enrique Dupuy de Lome, ministro plenipotenciario de España en Washington, mandó a su amigo José Canalejas, director del Heraldo de Madrid, durante su estancia en La Habana. La misiva, sustraída por un joven habanero, se fue a Estados Unidos con ella para entregarla a Tomás Estrada Palma, entonces delegado del Partido Revolucionario Cubano. Lome ridiculizaba en ella al presidente William McKinley, calificándolo de politiquero ruin, débil y populachero. Esa carta fue la clave de la propaganda a favor de la intervención de Estados Unidos en la guerra de Cuba.
