Agustín Veloz, popularmente conocido por “Martinillo”, desde la tierna juventud se entregó por entero al movimiento revolucionario en su natal Manzanillo, aunque su talla de líder y su campo de acción se extendieron por la antigua provincia de Oriente y por todo el país, alcanzando dimensiones nacionales e internacionales. Perseguido por los gobiernos de la República y recluido muchas veces en prisión, se mantuvo siempre fiel a la teoría y la práctica del marxismo y de la Internacional Socialista. En carta a Carlos Baliño hubo de excusarse por la tardanza en contestarle: “Días ha que no puedo dedicarme más que a la propaganda del redentor socialismo, cuyo ideal merece todos los sacrificios. He ahí por qué no he dudado en desatender temporalmente a usted y otros amigos queridos, por propagar los principios de Carlos Marx”.
