El 22 de junio de 1941, a las 3 horas y 30 minutos de la madrugada, la Alemania fascista agredió la Unión Soviética a todo lo largo de la frontera, desde el mar Negro hasta el mar Báltico, sin previa declaración de guerra. Se iniciaba así lo que sería para todo el pueblo soviético la Gran Guerra Patria. La agresión fue cometida con perfidia: Alemania violó el Pacto soviético-alemán de no agresión, firmado el 23 de agosto de 1939, por el que se comprometía a abstenerse durante diez años de todo acto agresivo contra la Unión Soviética. El nombre en clave del plan de destrucción de la URSS era «Barbarroja». Cuando emprendió la «marcha hacia el Este», el fascismo confiaba en que el camino sería fácil, pues consideraba a Rusia «un coloso con pies de arcilla». Pero contra las hordas hitlerianas no sólo combatió el Ejército Soviético, sino que peleó el pueblo entero; tanto en el frente, en la retaguardia soviética garantizando los suministros y pertrechos, así como en la retaguardia enemiga, donde luchaban más de un millón de guerrilleros, que causaron serios reveses a los fascistas. La Unión Soviética no se limitó a expulsar al enemigo de su territorio. En duros combates el Ejército Soviético cumplió la noble misión histórica de liberar del yugo fascista a Polonia, Bulgaria, Rumania, Hungría y Checoslovaquia. Las victorias militares del Ejército Soviético también fueron factor determinante para liberar del hitlerismo a los países de Europa Occidental. La victoria en la Gran Guerra Patria costó al pueblo soviético inmensos sacrificios y víctimas. Las pérdidas humanas fueron de 20 millones, las destrucciones fueron cuantiosas: mil 710 ciudades, más de 70 mil pueblos y aldeas, 32 mil plantas industriales y más de 98 mil cooperativas
