Poco antes del mediodía y hasta la caída de la tarde, más de 500 soldados, tres avionetas, cuatro tanques y un helicóptero, asedian a Camilo y sus hombres en un cayo de sao. Seis veces intenta el enemigo llegar hasta los rebeldes y seis veces son rechazados. Al caer la noche, inexplicablemente, las tropas de asedio se retiran. En su informe a Fidel sobre esta acción, Camilo enjuicia la cobarde postura del Ejército y se admira de que nunca antes había visto a los hombres pelear con tanto valor.
