Altos mandos militares norteamericanos declaran este día, bajo condición de anonimato, que el gobierno del entonces presidente George W Bush podría atacar Afganistán en represalia por supuestamente albergar al ciudadano de origen saudí Osama Bin Laden, a quien culpan por los atentados del 11 de septiembre cuando se produjeron los ataques terroristas en las ciudades de New York y Washington, el derrumbe de las emblemáticas Torres Gemelas y parte del Pentágono. El Senado estadounidense accedió el 14 de septiembre a otorgarle al presidente 40 mil millones de dólares para hacerle frente al desastre en Washington y Nueva York al tiempo que lo autorizó a emplear la fuerza si así lo decide. Funcionarios estadounidenses del gobierno de George W Bush afirmaron que los atentados fueron planificados y financiados con 500 mil dólares en Alemania, con apoyo crucial en Gran Bretaña, Emiratos Árabes Unidos y Afganistán. Según el diario The Washington Post, los investigadores determinaron que al menos cuatro de los 19 sospechosos del secuestro de los aviones lanzados contra Nueva York y Washington fueron entrenados en los campos de Afganistán dirigidos por Osama Bin Laden. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el Departamento de Justicia concluyeron «tentativamente» que existen vínculos entre Bin Laden y la mayoría de los otros inmolados en los actos violentos contra los símbolos norteamericanos de poder.
