Los patriotas cubanos Gerardo Hernández y Ramón Labañino, prisioneros por alertar a las autoridades cubanas de las acciones terroristas fraguadas en Miami contra la población de la Isla, son conducidos a la prisión El Reno, en Oklahoma, con un trato humillante. Las temperaturas son bajas: los guardias llevan abrigos y guantes, mientras ellos solo pullovers. Cuatro días después, el primero es trasladado a Lompoc, California, y el 12 de febrero el segundo es trasladado al reclusorio del aislado poblado de Beau Montt, Texas. Ellos, junto con René González, Antonio Guerrero y Fernando González fueron injustamente condenados en Estados Unidos, bajo presiones de la mafia anticubana.
