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Mella, mayor símbolo de unidad y lucha del estudiantado cubano


 

Por Jorge Wejebe Cobo/Servicio Especial de la ACN

La noche del 10 de enero de 1929, en Ciudad de México, Julio Antonio Mella y Tina Modotti caminaban despreocupadamente, como si el presagio del joven revolucionario de que lo asesinarían por la espalda no se cumpliría ese día.

Dos balazos rompieron el silencio en medio de la oscuridad cómplice, y le dejaron solo el tiempo preciso de vida para decirle a su  amada: “Machado me mandó a matar. Muero por la Revolución. Tina me muero”.

El dictador Gerardo Machado poco antes en Cuba lo detuvo injustamente, por lo cual inició una huelga de hambre. Ante una inesperada petición al mandatario para que liberara al joven, respondió que Mella era un comunista y había tirado un manifiesto en el cual lo menos que le dice es asesino, y eso no lo podía permitir. Según testigos, sumamente enojado y fuera de sí gritaba: ¡Lo mato!, ¡lo mato!

Posterior al asesinato  se proyectó una campaña de mentiras en la prensa de derecha mexicana y también cubana, que hoy calificaríamos de fake news, para repetir hasta el cansancio que “El Gobierno cubano de Gerardo Machado no tiene nada que ver con la muerte de Mella”,  que fue víctima de un crimen pasional y que Tina Modotti, era una mujer de dudosa decencia, quien reaccionó con frialdad ante el trágico episodio y en sus declaraciones policiales tuvo contradicciones sospechosas.

Modotti no se amilanó y expresó:  “(…) Machado, una caricatura de Benito Mussolini, ha cometido un nuevo crimen, pero hay muertos que hacen temblar a sus asesinos y cuya muerte representa, para aquellos, el mismo peligro como su vida de combatientes”.

Realmente  Mella era un gran peligro para la dictadura, ya que en poco más de cinco años  se consagró como uno de los más capaces líderes revolucionarios de talla continental, quien se inició en las luchas estudiantiles pero rápidamente comprendió que la verdadera redención social se alcanzaba con el cambio de todo el sistema pro imperialista predominante en su Patria y en América Latina.

Durante sus años de estudios de Derecho, Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana fundó la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) en 1922, y dirigió el Primer Congreso Nacional de Estudiantes. Como abanderado de la renovación del vetusto sistema de educación proclamó en ese evento  la integración del estudiantado a las luchas obreras y la  creación de la Universidad Popular José Martí, primer programa para llevar la enseñanza  gratis  a las clases populares.

Su rápida madurez política lo llevó a ser creador del primer Partido Comunista con solo 22 años en 1925, pero la represión del gobierno en 1926 condujo a su expulsión de la Universidad y  tuvo que partir al exilio en México.

En ese país colaboró con el Partido Comunista Mexicano, la Internacional Comunista continental y realizó viajes a reuniones de esa organización en Rusia y Bruselas. No dejó de relacionarse con los movimientos revolucionarios de la región y aplicó creadoramente el marxismo leninismo a  las particularidades históricas y sociales  de los pueblos latinoamericanos para lograr su propio camino hacia el socialismo.

Esa proyección le creó no pocas incomprensiones y hasta ataques dentro de las corrientes dogmáticas del movimiento comunista internacional  de entonces, que tanto daño le hicieron a la unidad  de las fuerzas revolucionarias. Pero para la dictadura de Machado y el imperialismo yanqui estaba muy claro que Mella era el principal peligro y decidieron liquidarlo.

Para ese fin viajaron a México agentes machadistas, con la complicidad del embajador cubano en ese país y el de la Isla en Washington, desde donde el gobierno de Estados Unidos estuvo al tanto de la siniestra trama que fue revelada posteriormente en una investigación basada en documentos de la época y rigurosas indagaciones por los escritores cubanos Adys Cupull y  Froilán González.

Mella, aun después de muerto, siguió siendo el mayor símbolo de  unidad y lucha del estudiantado cubano más allá de su tiempo y por encima de diferentes tendencias ideológicas, lo que se patentizó hace  70 años,  el 10 de enero de 1953, en ocasión del aniversario 24 de su asesinato cuando, bajo la dictadura de Fulgencio Batista, la FEU emplazó  su busto frente a la escalinata universitaria y designó con su nombre el pequeño parque donde se situó.

El 15 de ese mes amaneció profanada la obra  con pintura y chapapote, lo cual provocó una multitudinaria manifestación y enfrentamiento de los estudiantes con la policía en la que fue herido y murió un mes después, a consecuencia de las heridas,  el estudiante Rubén Batista, primer mártir de la lucha contra el oprobioso régimen,  con lo que se abriría una etapa decisiva del proceso revolucionario. (Foto: Archivo)


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