
EE.UU, 11 ene.- Con acontecimientos cotidianos y estrategias de comunicación para desviar o focalizar la atención mediática, los primeros diez días de 2026 evidencian un escenario de descontento creciente con la política de Donald Trump en diversos sectores sociales estadounidenses.
Es difícil establecer cuál es el tema más relevante, por lo que mostraremos algunos de ellos y cómo han sido reflejados.
Minneapolis y Nueva York registran protestas de decenas de miles de personas contra la política antiinmigrante de Trump, que hace apenas unos días costó la vida de la ciudadana Renee Nicole Macklin Good, asesinada durante un operativo de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
Esto reavivó las protestas sociales y los enfrentamientos con guardias federales, quienes han usado la fuerza, incluido el empleo de gases lacrimógenos y balas de pimienta para disipar a quienes exigían cambios en la manera de actuar del ICE y contra la violencia policial.
Pero para Trump esto no parece ser prioridad. A las periodistas que lo han interpelado sobre el tema les ha respondido con insultos como: “cerdita, eres fea por fuera y por dentro”, acaparando así los grandes titulares en vez de los análisis o reportes sobre el rechazo a una de las medidas internas más impulsadas por su gobierno.
El despotismo y la prepotencia del mandatario siguen suscitando malestar entre los estudiantes, quienes se han concentrado o marchado bajo una de las consignas que se ha convertido en símbolo de inconformidad con el magnate devenido presidente: No Kings (“No reyes”, en español).
Este movimiento se movilizó con fuerza a fines de 2025 y lo vuelve a hacer en lo que va de año. En diversas ciudades, con epicentro en Washington D.C. y Nueva York, los ciudadanos han criticado el estilo autoritario de Trump, quien ha reconocido públicamente que solo su moral guiará sus acciones, no el derecho internacional ni las leyes, confirmando que actúa como alguien por encima de la ley. Y es que ha sido muy hábil para burlar conflictos legales, demandas y hasta juicios.
Entonces, ¿qué podemos esperar de la moral de alguien así? Señalado como partícipe directo en los casos de abuso de menores y pedofilia recogidos en los archivos Epstein.
Esos que se han desclasificado de manera parcial, lo que ha generado nuevas protestas en la nación norteña. Miami, Los Ángeles, Nueva York y la capital del país han registrado acciones públicas que demandan justicia para las víctimas y se pronuncian contra la corrupción y la falta de transparencia sobre el caso.
Cabe señalar que el presidente Trump, recurrentemente mencionado en dichos documentos, autorizó desclasificar más información. Esto sucedió el pasado 3 de enero, convenientemente coincidente con el secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro Moros durante una operación del ejército estadounidense en Caracas, lo que acaparó la atención pública, desplazando a los archivos de Jeffrey Epstein. ¿Casualidad?
Desde la agresión imperial a Venezuela han sido recurrentes las manifestaciones contra la política guerrerista del gobierno estadounidense y en denuncia del intercambio de sangre por petróleo. Frente a la cárcel donde se encuentra recluido Maduro Moros y su esposa, y cerca del tribunal donde tuvo su primera audiencia en Nueva York, se realizaron varias manifestaciones que exigieron su liberación y condenaron lo sucedido.
Pero luego de breves reseñas, los medios han amplificado la estrategia de comunicación de Trump, que obvia estas demostraciones y se centra en justificaciones de esta grotesca y criminal acción.
Mentiras y amenazas a otras naciones y líderes latinoamericanos por parte del presidente estadounidense y su secretario de Estado, Marco Rubio, acaparan la agenda mediática.
Nuevamente la política internacional —o la violación de esta y el uso de la fuerza en el extranjero— solapan los graves conflictos internos que enfrenta Trump.
Las bombas que caen fuera y la sangre de latinoamericanos buscan cubrir el desgaste y la impopularidad del autoritario mandatario. En este objetivo son claves los grandes medios de comunicación y plataformas de intoxicación mediática, de corto alcance pero de gran segmentación, que se centran en conflictos externos, muchos de ellos patrocinados y apoyados por Estados Unidos, para desviar y evitar los análisis del agravado escenario interno del imperio.
Millones de pobres, inflación, protestas, abuso policial y militarización de ciudades son solo algunos de los hechos que se intentan ocultar y que pudieran ser atendidos y resueltos con los millones que se gastan en guerras y propaganda imperialista. (Texto y Foto: Dayna González/ Cubasí)