
EE.UU, 16 ene.- Tras la alevosa agresión contra Venezuela, de inmediato se activó desde Washington las proyecciones contra Cuba. Flotando en el aire, la pregunta que titula este artículo.
Prosperaron todo tipo de amenazas, empezando por el mandatario estadounidense, hasta la avalancha mediático digital de las huestes que, financiadas por el norte revuelto y brutal que nos desprecia, multiplicaron publicaciones especulativas y manipulaciones, propalando augurios de aparente triunfalismo, a sabiendas que no hay nada que celebrar.
Detrás de todo esto está, el mentiroso mayor de la administración, después de Trump, Mr. Rubio, que cree finalmente ha llegado la hora de implementar el mandato recibido desde hace años, desde una coalición de neobatistianos de todo tipo y color, impulsados por oligarcas de lejano origen cubano, que sustentan esta lacra mafiosa, con inclinaciones criminales y presencia en el Congreso, y otros espacios de la alta política estadounidense.
Meses de asedio militar, de construcción trabajosa de una eventual y endeble coalición de países latinoamericanos contra Venezuela, donde no han faltado ciertas veleidades desde el llamado progresismo, parecían mostrar al imperio y en particular al operador Mr. Rubio, que antes de que culminara el primer año del gobierno trumpista, se podía acabar con el “problema cubano”, que pasaba por terminar con el “problema venezolano”.
¿Por qué Venezuela primero y después Cuba? Existen probablemente muchas explicaciones pero obviamente debían contar con la voluntad de Trump, a quien convencieron que había un tesoro energético relativamente fácil de conquistar, así deben haberle dicho. Como se sabe, el petróleo es la principal razón para involucrar al aspirante al premio Nobel de la paz y mandatario, en meter al país en una aventura bélica.
“Acabando” con los bolivarianos, se asumió que se creaban las condiciones materiales, para la caída de la Revolución cubana. De ahí la consigna de Trump y compañía, “cero petróleo y dinero venezolano para Cuba”, que conllevaría el colapso de su economía, y de esta manera el fin del comunismo en Cuba, la frase más recurrida por los vociferantes de escasas o nulas capacidades intelectuales.
Cualquiera puede darse cuenta de la simpleza de este enfoque, y si la política que EEUU sigue ahora hacia Cuba descansa en ello, ya puede afirmarse que no tiene la más mínima posibilidad de prosperar. Se habla de simpleza porque parte de supuestos de improbable concreción como eso de “cero petróleo”, sin entrar en mayores detalles, hasta suponer que es inminente una implosión social en Cuba, curiosamente algo tan esperado y trabajado durante más de 6 décadas, increíble que aún sea una expectativa para los enemigos de Cuba.
Se especula en redes sociales digitales sobre si el proyecto de Mr.Rubio incluye o no una agresión militar a Cuba. Para las autoridades y el pueblo cubano ese es un peligro que no se subestima ni descarta, no resiste dos minutos de análisis la necesidad de continuar perfeccionando los sistemas defensivos del país. Desde luego, si por Mr. Rubio fuera, desde hace años hubiera enviado a los us marines al combate, claro, preservando él su propio pellejo.
Sin embargo, con el correr de los días, posteriores a la agresión a Venezuela, las cosas se le han complicado al secretario de estado, tema que en sí mismo requiere su propio análisis y más información concreta, pero hay un hecho irrebatible: no se efectuó posteriormente una rápida incursión militar a Cuba, aprovechando el “rutilante éxito” de la acción en Venezuela.
Son varias las razones pero para empezar destacar lo que ya se sabe: la “feroz” resistencia de un pequeño grupo de cubanos, durante la operación anti Maduro, en evidente desventaja numérica, armamentística y tecnológica, constituye un inesperado elemento disuasivo para Trump y los altos mandos militares estadounidenses, al tanto de los detalles de la incursión en Caracas. Incluso cada día aparecen nuevas señales, se filtran noticias de que lejos de ser algo rápido y “grandioso”, según la verborrea trumpista, la operación de marras tuvo un imprevisto costo para el enemigo invasor.
Por si acaso, y para que no decaigan los ánimos imperiales, pronto Mr. Rubio, por voz propia y mediante el histriónico Jefe Trump, informaron a seguidores y crédulos interesados, que la mayor de las Antillas está a punto de colapsar, que es cuestión de tiempo porque ya existen suficientes sanciones, y que lo único que les queda por hacer a los EEUU es bombardearlo todo, destruir el país de punta a cabo, pero dicho de tal manera que deja entrever que prefiere no hacerlo; misterios de la retórica del sr. Presidente Trump.
Pocas horas después, el inquilino de la Casa Blanca, tras insistir que a Cuba no le quedaban opciones, doblegarse o ser agredidos, informó que ya había conversaciones con el gobierno cubano. No está claro porque esos “cambios de humor”; al principio cuando no se le conocía podían generar incertidumbre, pero ahora que ya se sabe cómo funciona el tipo, qué sentido tiene decir tamaña mentira, tan fácil de rebatir.
Obvio, es el estilo trumpista, con complejo de negociador fuerte y audaz; primero amenaza y después, desde una posición de fuerza, busca concesiones. Pero por favor, que alguien le explique al mandatario que esas payasadas no caminan con los cubanos; que vea la historia contemporánea simplemente, aunque lamentablemente los que gobiernan en Washington, no parecen muy inclinados a eso, a estudiar las lecciones del pasado.
De estas y muchas otras declaraciones altisonantes del mandatario, hay que decir que suelen ser respuestas, en apariencia a inesperadas preguntas de periodistas, aunque se sabe que también forma parte de una construcción mediática bien diseñada, según los objetivos y temáticas, por caso, trasmitir eventualmente a las base MAGA, que por ahora no hay más invasiones.
En este punto, puede decirse que en paralelo aparecieron “de repente” los que igual esperan “acabar con el comunismo en Cuba” pero con mejores modales, dígase al estilo Obama, si se entiende y recuerda el asunto.
Así pueden leerse en ciertos medios autodenominados independientes, enjundiosos análisis, en modo propuestas programáticas, que días después del ataque, cuando aún se estaban recogiendo los cadáveres de los combatientes cubanos ametrallados fríamente, sugieren que la única manera de evitar un zarpazo militar de EEUU es acelerar ciertas “reformas” dicen, sin explicar cuáles ni entrar en detalles, con lo cual esperan que Mr. Rubio se sienta feliz y desista de activar el botón bélico contra Cuba.
Hablan por ejemplo de “cambios democráticos” y también curiosamente, la necesidad de ampliar los espacios en la economía isleña para la llamada diáspora cubana en EEUU, entendido esto probablemente como que merecen un tratamiento especial, privilegios diferenciados respecto a otros inversionistas extranjeros.
Este último asunto también requiere una mirada particular, aunque es claro que esos inversionistas cubanoamericanos, cumplen las generales de la ley de cualquier otro de diferente origen, y para eso existe una ley de inversión extranjera, perfectible pero con principios claros.
Aludir al asunto de “cambios democráticos” parece bastante caprichoso; no solo por lo fundamental, que nadie puede cambiar lo que casi el 90% de la población cubana, residente en Cuba, aprobó como modelo político en la Constitución en el año 2019. Deben tomarse el trabajo de leerla, no es difícil de entender los artículos referidos a este asunto relevante, inmodificable, dice la ley de leyes.
Pero además, los que proponen eso realmente creen que ¿es lo que le interesa a Trump o a Mr. Rubio?, ¿lo de la democracia, los derechos humanos y demás?
Lo cierto es que los políticos ahora encargados de decidir la invasión a Cuba, han aclarado muy recientemente que no les importa el tema, sincerándose de algo que siempre fue así cuando EEUU ha invadido, dejando a la víctima convertida en un cementerio o un manicomio, al decir de Galeano, nunca en una floreciente democracia occidental/ liberal y demás apellidos. La ingenuidad desborda a algunos, conviene revisar valores y honestidad.
Aquí no se niega para nada la responsabilidad de las autoridades cubanas, de implementar aquellas acciones que mejoren las condiciones de vida de los cubanos; es más, para eso están en estrecho vínculo con el pueblo; no es una novedosa recomendación y si, la mejor manera de desmantelar estratégicamente los planes enemigos, pasa por enfrentar y neutralizar el impacto criminal del bloqueo y desarrollar el país a pesar de ello.
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A propósito, irónicamente pueden agradecérsele los dichos al Jefe Trump, de aquello que a Cuba no se le puede “apretar o presionar más”. Su reconocimiento sobre la existencia de más de 60 años de guerra económica facilita el trabajo político ideológico, e incluso la explicación que se brinda al respecto a amigos e incrédulos en el exterior. Como se sabe, a confesión de parte del criminal, relevo de pruebas.
La alusión a la “variante Obama” para acabar con la revolución también hay que ponerla en contexto. Indudablemente, dígase que elemental, que es mucho mejor para Cuba y también para EEUU que exista una relación respetuosa, normal, más allá de profundas diferencias. Eso no está en discusión, pero, se repite, que respeten lo que dice la Constitución cubana; ese documento puede ser perfectamente una guía inicial para cualquier normalización de los vínculos.
Mientras que los “sueños se hacen realidad”, hay que seguir lidiando con la presencia de Mr. Rubio en altos cargos decisorios, acompañado y articulado con renovado entusiasmo, por la mafia política del sur floridiano, algunos con asientos en el congreso.
Quizás, es una posibilidad, un cambio en esa correlación de fuerzas en un estado electoral clave, como lo es el de la Florida, puede facilitar que predomine la sensatez e incluso el ocaso de esa mafia. Las próximas elecciones parlamentarias de noviembre, pueden ser una oportunidad; quienes tienen la capacidad de influir que tomen cartas en el asunto.
Una última recomendación, no se olviden de enviar a Mr. Rubio al basurero, a quien se supo han descartado como presidente de EEUU, y se hacen bromas que ocupe igual cargo en La Habana. El chiste se explica solo. (Texto y Foto: Francisco Delgado /Cubasí)