
La Habana, 8 mar.- Sabemos que la obra humana no es perfecta, pero si existiera algo parecido son las manos de la mujer. Hacedora, previsora y organizadora es capaz de mezclar la ternura con la firmeza.
Bastaría con verlas en las pistas, en las canchas para saberlas invencibles, empeñadas siempre en superarse a sí mismas.
En Cuba, lo dijo Fidel, son una revolución dentro de la Revolución; y en el deporte de esta pequeña isla han protagonizado con su presencia una de las gestas más hermosa y victoriosa de un pueblo que las ha visto emanciparse y empoderarse.
Este 8 de marzo es más que un día para reconocerlas. Desde 1910, en la conferencia internacional de mujeres socialistas, en Copenhague, se propuso una fecha dedicada a las reivindicaciones de las mujeres. A partir de entonces, lucharon mucho y se manifestaron en varios países; sin embargo, no fue hasta 1975 que la ONU declaró el octavo día del tercer mes del año para honrarlas.
En la mayor isla de las Antillas no se ha cejado en hacer valer sus derechos y, aun cuando ellas sienten el respaldo, todavía se sigue bregando contra incomprensiones o expresiones que lastran el noble empeño.
De ahí que con tantos años de Revolución, Cuba cuenta hoy con un programa nacional, el del Adelanto de la Mujer. Este recoge el sentimiento de quien guió, y guía, con la misma sensibilidad que rigor la igualdad de la mujer.
Ella, Vilma Espinoza Guillois, heroína de la sierra y el llano, está en cada paso que nuestras compañeras dan en la ciencia, en la salud, en un aula, en la comunidad, en los máximos puestos de dirección, en la defensa o en función de obrera.
En el deporte, ellas encumbraron esas luchas y a su pueblo. Un dato, no más, habla de cuánto han sido capaces: solo 46 naciones entre más de 205 con comités olímpicos nacionales tienen más de diez medallas de oro en las citas bajo los cinco aros. Pues bien, las mujeres cubanas sobrepasan la decena de coronas.
Es decir, si ellas compitieran sin el valioso concurso de sus compañeros, ocuparían el lugar 45 de ese prestigioso listado, con 13 de oro, 20 de plata y 25 de bronce.
LA ESTIRPE INVENCIBLE DE MAMBISA
Cuba le dio a Latinoamérica y el Caribe la primera campeona olímpica. María Caridad Colón, el 25 de julio de 1980, le regaló ese lauro a la región.
Entonces, la historia patria desde su brazo empastó la hazaña con la herencia patriótica de su familia. El padre de su abuela, Félix Ruenes, recibió a José Martí en Playitas de Cajobabo, cuando desembarcó para la Guerra de 1895.
“Yo no tenía que estar a la altura de esa sangre que corre por mis venas. Jamás deje de proponérselo, y todavía hoy creo le debo más”, nos dijo.
Cuatro mujeres la sobrepasaban con mejores marcas, por lo cual no aparecía entre las favoritas. Solo ella se consideraba con posibilidades, pese a que se sabía limitada por una lesión en la espalda.
Pero la estirpe de baracoense, de guantanamera y de cubana la lanzó a lo más alto del podio, con 68 metros y 40 centímetros, en ese momento, récord olímpico en la jabalina.
LA FIDELIDAD DE ANA
Se llama Ana, y Fidelia por Fidel, a quien le unirían lazos de una hermosa complicidad. Nació en 1963, justo diez años después de que la generación del centenario, asaltara la historia en el Cuartel Moncada, con su "tocayo" al frente.
Cuando ganó el primero de sus títulos mundiales consecutivos, luego de las quemaduras que la pusieron al borde la muerte, la corredora santiaguera, el 15 de septiembre de 1995, afirmó:
“Si se hubiera organizado una competencia para atender a un lesionado, los médicos, las enfermeras, los sicólogos y el resto del personal que me atendió seguro hubieran alcanzado la medalla de oro. Por eso la victoria lograda en el pasado Campeonato Mundial es también la victoria de la medicina cubana, la victoria de un pueblo que no se deja vencer frente a las dificultades, la victoria de las ideas y los principios.
¿Qué puedo decirles un día como hoy? Que recibo este homenaje con la mayor humildad y el más profundo agradecimiento. Gracias a la Revolución pude hacerme deportista, gracias a la Revolución y su generosidad pude sobreponerme al accidente, gracias a Fidel y sus atenciones pude competir y ganar, gracias a la solidaridad y el apoyo del pueblo recibí el suficiente estímulo y aliento para luchar y vencer”.
María Caridad Colón, hoy miembro del Comité Olímpico Internacional, y Ana Fidelia Quirós, con un ganado prestigio en el atletismo mundial, ya no están en las pistas, pero son paradigmas para las más jóvenes.
LA HONESTIDAD ALZADA
La que si se mantiene levantando a su país es la joven pesista Marifelix Sarria.
Su historia habla de compromiso y humildad, de convicción de victoria y de honestidad.
El 27 de junio de 2003, en su pecho de 18 añitos brilló la presea de oro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador. Ni siquiera la medallista de bronce olímpica, en Tokio 2020, la dominicana Crismery Santana, pudo con la fuerza de la bisoña cienfueguera.
Dos meses y tres días después, Marifelix, su familia y toda Cuba vivieron la peor pesadilla. Un examen antidoping la encontró positiva a Boldenona y sus metabolitos, una sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje. Apeló, pasó meses de mucha incertidumbre; pero no dejó de entrenarse.
Confió en su inocencia y, el 25 de abril de 2024, llegó la recompensa: El Panel de Audiencias de Centro Caribe Sport levantó la suspensión provisional que pesaba sobre ella.
A los cinco meses, el 27 de septiembre, volvió a ser noticia, y alzó a Cuba con todas sus fuerzas, al ganar el Campeonato Mundial Juvenil, en León, España, con un total de 270 kilogramos.
Hoy Marifelix es subcampeona mundial de mayores, aunque aún es una niña. Su corta pero laureada vida, nos la muestra con la entereza de una mujer que no deja de combatir; que tiene en sus padres el impulso para alzar el peso, por grande que este sea; y en sus entrenadores de bases, a quienes siempre lleva a la palanqueta, y en sus actuales preparadores, el ejemplo de perseverancia y disciplina.
Ella, como la actual reina del orbe del triple salto, Leyanis Pérez, o aquellas inolvidables e invencibles Morenas del Caribe del voleibol, y cada una de las mujeres, medallistas o no, que visten el uniforme de la Patria son orgullo de un pueblo que las ha visto empinarse y vencer.
Las mujeres deportistas se parecen a Cuba, no se rinden porque siempre van en busca de la victoria. (Fuente: JIT)