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Leyendas vivas de la lucha cubana: Mijaín López y Raúl Trujillo inician asesoría en China


La Habana, 15 mar.- La historia del deporte mundial se viste de páginas doradas con protagonistas provenientes de todas las partes del planeta tierra, rozando los límites de lo humano y acercándose a la mesa de los dioses del olimpismo, mesa en la cual muchos nacidos en Cuba tienen reservado su espacio, entre ellos, dos hombres forjados en colchones campales de lucha grecorromana: Mijaín López y Raúl Trujillo.

El Gigante de Herradura, con cinco títulos olímpicos y Trujillo, su entrenador, su amigo, su padre del deporte, tienen ahora nuevos retos dentro de la lucha que los llevan a alejarse de su cálida mayor de las Antillas y trasladarse a Pekín, China, con el propósito de transmitir su experiencia a una nación que crece por día en la disciplina.

La misión, que se extenderá por aproximadamente dos meses, forma parte de un proyecto de colaboración que busca potenciar las habilidades del combinado asiático de cara a compromisos fundamentales en el calendario competitivo. López, designado como embajador del deporte de la lucha a nivel internacional, expresó que su llegada a estos lares tiene como premisa ayudar en la preparación del equipo nacional chino rumbo al Campeonato Asiático a efectuarse del 6 al 12 de abril en Bishkek, Kirguistán.

“Estaremos en un período aproximado de dos meses contribuyendo a las bases de entrenamiento del elenco chino, consideramos que deben existir algunos cambios en el sentido de que ellos tienen una forma de entrenamiento y nosotros tenemos otra, pero sus atletas son muy disciplinados, y eso da buenos frutos”, aseveró el múltiple campeón, cuya sola presencia en los centros de entrenamiento constituye un referente de primer nivel para las nuevas generaciones de luchadores.

El nacido en la occidental provincia de Pinar del Río no guarda sus emociones al estar en una tierra que lo coronó por primera ocasión en los Juegos Olímpicos, tal y como sucedió en Pekín 2008, y confiesa su admiración por una cultura que asegura es espectacular, con seres humanos a los cuales hay que seguir por toda la trascendencia histórica que poseen. Para el pinareño, regresar a la capital china representa un viaje en el tiempo hacia el punto de partida de su legendaria dinastía olímpica, un reencuentro con los escenarios que lo vieron erigirse por primera vez como el coloso que hoy reconoce el planeta.

Para Trujillo, un cubano de pura cepa curtido en décadas de trabajo como entrenador en colchones de varias partes del mundo, la nueva tarea la encara de manera positiva al observar mucho talento en el gigante asiático. Su vasta experiencia, forjada al lado del hombre que conquistó cinco coronas bajo los cinco aros, le permite realizar un análisis certero de las potencialidades y carencias del conjunto anfitrión.

“La selección nacional china viene en desarrollo, su crecimiento es exponencial y cuentan con todas las condiciones para aumentar su calidad con atletas rápidos, muy disciplinados, resistentes y cumplidores en todos los aspectos. He observado en los días que llevo acá deficiencias con algunas situaciones de la preparación, algunos errores en cuanto a metodología y conocimiento de la teoría y metodología del entrenamiento, pero las hemos rectificado y van por buen camino”, explicó el estratega cubano.

El fiel escudero de las hazañas de Mijaín extraña sus momentos bajo los colores de su patria, pero asegura que Trujillo está en Cuba, pues es cubano ahora y siempre. La distancia geográfica, más de 12 mil kilómetros, no ha logrado diluir el sentido de pertenencia que lo identifica con la nación caribeña.

“Me tocó esta misión ahora de desarrollar la lucha en China, pero siempre trabajo y pienso a favor de mi país en la búsqueda de convenios, bases de entrenamiento y todo lo que haga falta”, enfatizó el experimentado preparador, quien visualiza esta estancia también como una oportunidad para estrechar lazos que redunden en beneficios mutuos para ambas naciones.

Dos grandes del deporte mundial, dos estrellas de Cuba, mantienen su luz a más de 12 mil kilómetros de distancia de su gente mientras brillan ahora en el cielo de Pekín. El legado que construyeron sobre los colchones de todo el planeta se extiende ahora en tierras asiáticas, donde la huella imborrable de sus conquistas continúa abriendo caminos y sembrando conocimientos en una disciplina que los tiene como máximos exponentes de una escuela reconocida universalmente. (Texto y Foto. Cubadebate)


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