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La computadora “viva”: entre el asombro y la incertidumbre


EE.UU, 15 mar.- Durante décadas, la informática se construyó sobre la premisa, aparentemente inamovible, de que el silicio era el material esencial de todas las máquinas inteligentes.

Pero en laboratorios de neurotecnología y biotecnología esa idea empieza ahora a tambalearse. Un grupo de investigadores logró crear una computadora híbrida que utiliza neuronas humanas vivas capaces de aprender por sí mismas.

El avance se apoya en un sistema conocido como DishBrain desarrollado por la empresa australiana Cortical Labs, en el que cultivos de neuronas humanas y de ratón se conectan a un chip de silicio mediante microelectrodos, formando un sistema híbrido entre biología y electrónica. 

En el experimento original, publicado en la revista Neuron, unas 800.000 neuronas cultivadas en laboratorio fueron capaces de aprender a jugar una versión simplificada del videojuego Pong al recibir estímulos eléctricos que representaban el movimiento de la pelota y la posición de la paleta. 

Lo notable no fue solo que las células respondieran a estímulos, sino que mejoraran su desempeño con el tiempo, mostrando un aprendizaje adaptativo similar al de sistemas inteligentes. 

Este tipo de tecnología pertenece al campo emergente de la computación biológica o “wetware computing”, donde los componentes de procesamiento no son transistores sino tejidos vivos. 

La idea no es completamente nueva. Desde finales del siglo XX se han explorado prototipos de computadoras hechas con neuronas o tejidos biológicos, aunque solo recientemente la biotecnología y la microelectrónica permitieron avanzar hacia sistemas funcionales. 

El proyecto evolucionó rápidamente. En 2025, los investigadores presentaron CL1, considerado el primer ordenador biológico comercial. Integra neuronas humanas cultivadas sobre un chip de silicio y mantiene las células vivas en un pequeño sistema de soporte vital con nutrientes, temperatura controlada y circulación de gases. 

Funciona como una especie de cerebro diminuto conectado a una computadora convencional. Los electrodos transmiten señales al cultivo neuronal y, a su vez, registran la actividad eléctrica de las células, que se convierte en acciones dentro del sistema informático. El resultado es una plataforma que puede ejecutar tareas simples pero con una capacidad de adaptación notablemente eficiente. 

Los investigadores sostienen que este enfoque podría superar una de las limitaciones más críticas de la inteligencia artificial actual: su enorme consumo energético. 

Mientras los centros de datos modernos demandan cantidades masivas de electricidad, los sistemas biológicos procesan información con una eficiencia extraordinaria. Incluso un pequeño cultivo neuronal puede resolver tareas con un gasto energético mínimo comparado con algoritmos de aprendizaje profundo.
 
Más allá de su potencial tecnológico, la computadora basada en neuronas abre una ventana inédita para la investigación científica. 

El dispositivo permite observar cómo redes neuronales humanas aprenden, reaccionan a estímulos o se alteran ante medicamentos. De ahí que podría convertirse en una herramienta clave para estudiar enfermedades neurológicas y desarrollar nuevos fármacos. 

Al mismo tiempo, se vincula con una línea de investigación más amplia conocida como “organoid intelligence”, que busca aprovechar pequeños organoides cerebrales cultivados a partir de células madre para crear sistemas de procesamiento biológico capaces de aprender y adaptarse. 

El entusiasmo científico convive con serias interrogantes. ¿Podría un sistema formado por neuronas humanas llegar a desarrollar algún tipo de conciencia o sensación? Algunos investigadores consideran que los sistemas actuales son demasiado simples para experimentar algo semejante. Otros, advierten que a medida que estas redes se vuelvan más complejas, la discusión ética será inevitable. 

Por ahora, las neuronas utilizadas en estos experimentos forman redes extremadamente simples comparadas con un cerebro humano. 

Aun así, el que un tejido biológico aislado pueda aprender a interactuar con un entorno digital ya representa un cambio de paradigma.

La próxima revolución tecnológica podría surgir ya no de materiales más rápidos o más pequeños, sino de algo mucho más antiguo: las propias células que hacen posible la inteligencia humana.

Y si esa tendencia se confirma, la pregunta del futuro no será solo qué tan inteligentes pueden volverse las máquinas, sino qué ocurre cuando la inteligencia deja de ser exclusivamente artificial y empieza a ser, literalmente, biológica. (Texto y Foto: Cubasí)


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