Camagüey, 6 oct.- Ofrendas florales, voces, danzas, silencios y floretes honraron hoy en esta ciudad a las víctimas del horrendo crimen de Barbados ocurrido hace 47 años, en el que murieron 73 personas inocentes, incluyendo a los recién campeones del victorioso equipo de esgrima que había participado en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe de ese deporte.
Las medallas en sus cuellos jamás llegaron, ellos no volvieron, sus familias jamás pudieron compartir la alegría, porque los criminales creyeron que era más importante el odio y los mataron, explotaron el avión en pleno vuelo, un hecho del que prácticamente no había antecedentes en la historia.
Autoridades del Partido Comunista de Cuba (PCC), la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el Gobierno, el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Cerro Pelado. de Camagüey, familiares y sobre todo jóvenes como ellos, honraron la memoria, la gloria y el ejemplo de los deportistas asesinados.
En el acto homenaje con el compromiso revolucionario que implica la fecha, se iniciaron trabajadores de la EIDE como militantes del PCC y recibieron el carné de manos de la miembro del Buró Provincial de la organización. Yuneisys Ramos Vázquez.
Dora María Machado, cuñada de la camagüeyana Inés Luaces, quien perdió la vida aquel día, dijo que los años pasan y el dolor sigue. Barbados es inolvidable para todos y más aún para la madre de Inés, que no volvió a ver a una de sus dos hijos.
“Ella quería terminar su carrera de Estomatología”, comentó sobre la reconocida esgrimista, y contó que su hija Indira, sobrina de Inés, decidió ser como ella y se hizo esgrimista también.
María Victoria Peñalver Lazo fue compañera de deportes de Inés y Milagros Peláez (la otra hija de esta tierra que regresaba en el avión), estudiaba en la entonces Escuela Superior de Educación Física, que luego la llevó a ser profesora, y coincidió con ellas en múltiples competencias.
“Milagros era un poquito seria, era más callada, rememoró; Inés tenía un carácter fuerte, pero conversábamos más”.
“Recuerdo que dos días antes de la salida para el campeonato nos vimos en La Habana cuando ellas fueron a hacerse el chequeo médico, nos despedimos y el novio de Milagros, compañero mío de estudios, estaba allí”.
De la mañana en que recibieron la noticia, María Victoria cuenta que cuando llegaron a las siete de la mañana supieron que no darían clases ese día.
“Yo tenía dos alumnos de 18 y 19 años que venían en el avión. Mckenzie (Leonardo Mckenzie Grant) era muy vivo y siempre insistimos en sus tareas, le estábamos haciendo el proceso para la UJC y nos había dicho que cumpliría con todo bien”, relata María Victoria.
Pero el tiempo no les alcanzó para ser mejores, para crecer, para más medallas, para más abrazos. El tiempo no les alcanzó porque se lo robaron, se lo arrebató el terror, el terrorismo, el odio contra Cuba y contra la alegría de su juventud, de sus niños, de su gente.
María Victoria cuenta conmovida que “el día de aquel discurso de Fidel a mí tuvieron que sacarme de donde estábamos escuchándolo porque me sentí mal, ya estaba embarazada de mi hijo. Desde entonces la esgrima es mi vida, y Barbados una herida que nunca cierra”. (Texto: Dania Díaz Socarrás/ Radio Cadena Agramonte) (Fotos: autora y Yamylé Fernández Rodríguez/ Radio Reloj)
