En el municipio camagüeyano de Vertientes decenas de mujeres convierten patios, fincas y cooperativas en pilares de la soberanía alimentaria local al combinar tradición agrícola, emprendimiento y solidaridad comunitaria
Vertientes, Camagüey, 15 oct.- En este territorio la producción de alimentos tiene rostro de mujer, desde patios urbanos convertidos en despensas vivas hasta fincas que abastecen instituciones sociales, las lugareñas tejen una red productiva que sostiene buena parte del autoabastecimiento local y tributa a programas estratégicos del país.
Un ejemplo emblemático es el de Mercedes, una mujer que vive sola en un barrio céntrico de la ciudad y transformó el patio de su casa en un pequeño paraíso productivo.
Allí cultiva anón, chirimoya, plátano de tres variedades, fruta bomba, ajo porro, ají, cilantro, café, malanga, boniato, yuca, calabaza y caña.
“Yo casi no compro comida”, asegura, y precisa que solo adquiere lo indispensable que no puede producir, como aceite y arroz. Aunque la cosecha es abundante no comercializa los cultivos: “yo no la vendo, yo la regalo”, afirma, y su patio se convierte en un centro de solidaridad que fortalece los lazos comunitarios.
Mercedes envía un mensaje directo a otras mujeres vertientinas: “hay que sumarse a esta experiencia, la agricultura es hermosa y cultivar es un acto de amor que, además, estimula el autoestima cuando otros admiran el resultado”. Para ella lo único que se necesita es voluntad: “lo que hay es que querer hacerlo”, asegura.
En el ámbito cooperativo y campesino Bárbara Leticia Mendoza preside la cooperativa Reynaldo León Llera y es una productora destacada del municipio. “Cada surco que labramos es un paso hacia la soberanía alimentaria”, enfatiza Mendoza, quien también subraya la importancia de brindar apoyo a los hombres y mujeres del ámbito rural con un enfoque preparado y amoroso en la gestión del trabajo.
Otra figura relevante es Celia Izquierdo Pérez, propietaria de la Mipyme El Paraíso de los Vegetales; su finca cuenta con más de 50 canteros activos para el cultivo con estabilidad en el sistema de riego.
Entre los productos que cosecha se encuentran ají pimiento, pepino, habichuela, frijol caupi, calabaza, yuca, boniato, maíz, ajo porro, cebollín, cilantro, jengibre, ají cachucha y acelga. Cuenta con importantes ingresos mensuales y los productos llegan instituciones sociales de la Salud Pública y la Educación.
“No hay límites cuando los sueños son firmes”, declara Celia, quien lidera un colectivo de hombres y demuestra que “las manos de mujer son poderosas, capaces de transformar la tierra y enfrentar cualquier desafío”.
Yaima Carballo Alonso es otra que deja huella en esta localidad agramontina. En la finca asumió el reto de transformar más de 17 hectáreas, antes cubiertas de marabú y ahora destinadas a la siembra de boniato, maíz, malanga y pepino.
Uno de sus logros más destacados fue la cosecha de papa, cultivo poco usual en el territorio, que requirió intensas jornadas de esfuerzo y asesoría de otros productores.
Producir alimentos para el pueblo es para Yaima un deber que asume a pesar de las limitaciones de combustible, equipos y fertilizantes.
En un contexto marcado por el bloqueo económico, la escasez de insumos y las condiciones climáticas adversas estas mujeres demuestran que la producción de alimentos en Vertientes es más que una necesidad económica, es también un acto de voluntad, creatividad y compromiso con la comunidad.
Como ellas declaran la recompensa es inmensa, no solo es tener un patio lleno de vida y color sino también una despensa casi autosuficiente que permite vivir con menos preocupaciones y más satisfacción. (Texto: Frank Fernández García/Radio Vertientes) (Foto: Cubadebate)
