Por Lucilo Tejera Díaz/AIN
En los últimos años, los agroazucareros de la provincia de Camagüey, con un peso importante en la capacidad de producción de crudos de Cuba, se han propuesto sembrar 21 mil hectáreas de caña de forma sostenida y así contar con suficiente materia prima para moler en sus siete centrales.
Desde hace varias campañas, solo intervienen en las zafras cuatro ingenios, porque no alcanza la gramínea por cosechar para que todas las fábricas participen durante un periodo que permita eficiencias tanto económica como agroindustrial.
Lo cierto es que, últimamente, Camagüey nunca ha podido alcanzar esa superficie de 21 mil hectáreas por dos razones fundamentales: insuficiente posibilidad de equipamiento para la preparación de tierra y falta de la necesaria organización para lograr buenos rendimientos en la tarea.
El 2013 no fue una excepción en la aspiración cañera, y la provincia volvió a fijarse la meta de vencer esa área, pero esta vez en condiciones materiales mucho más favorables, pues la economía cubana hizo un esfuerzo para dotarla de tractores e implementos que permitieran avanzar la preparación del suelo con suficiente antelación.
Aparte de ello, era hora ya de que la organización del agro cañero en lotes empezara a rendir, al contar con una fuerza de trabajo estable e interesada en plantar lo previsto, pues va en su propio beneficio.
Pero la aparición de frecuentes lluvias desde mediados de enero, que trastocaron, además, el desarrollo de la recolección en la zafra, limitaron considerablemente la operación de la maquinaria de laboreo, provocando el creciente atraso en la siembra.
Resultado: Camagüey terminó el primer semestre, cuando ocurre la llamada siembra de primavera, con unas dos mil hectáreas por debajo del plan en esta etapa.
En medio de esa situación adversa, un aliciente: la misma humedad en la tierra que frenó el accionar de tractores e implementos, favoreció la germinación de las semillas de caña, lográndose un alto nivel de “salvación”, como dicen los agricultores.
A pesar de la considerable superficie por plantar en el segundo semestre -cuando ocurre la campaña de frío-, que rebasa las nueve mil 800 hectáreas, es posible cumplir el programa anual con un trabajo intenso desde julio hasta mediados de octubre, antes de terminar la estación de las precipitaciones y seguir después en campos con regadío.
Tractores de mediana y baja potencia, que estaban en tareas del tiro de la gramínea en la zafra, se suman ahora a la preparación del terreno, lo cual representa una ventaja para acelerar sobre todo el surcado.
Objetivamente puede materializarse lo planificado, lo necesario para acortar el plazo de incorporación de los siete centrales a la molienda y también mantener resultados altos en la siembra en los años venideros, para que cada industria opere durante 150 días.
¿Qué representaría materializar esta aspiración?: Rentabilidad, más azúcar para elevar los ingresos de divisas para Cuba, mayor aporte de energía eléctrica a la red pública a partir de bagazo, incremento en la producción de derivados y superiores ventajas salariales para los trabajadores.
Esto es, a fin de cuentas, lo que hace falta. (Foto: Archivo)
