Como algo inseparable a la existencia, pero que algún día debe cesar, sin duda alguna, se inscribe para el pueblo de Cuba el bloqueo que desde hace seis décadas le impone el gobierno de Estados Unidos, que va mucho más allá en su criminal alcance a lo económico, comercial y financiero.
No hay arista de la cotidianeidad en nuestra isla que no esté afectada por la arbitraria medida, que en sus falaces argumentos impositivos, convertidos en ley norteamericana, se desborda el castigo, la extraterritorialidad y el revanchismo imperial.
Ya el solo hecho de que Fidel y su triunfante Ejército Rebelde se les adelantara en sus intenciones de repetir su habitual intervención ante el evidente e imparable triunfo popular frente a su aupada tiranía batistiana, fue pretexto para la toma de medidas contra la nación cubana, desde el mismo 1ro de enero de 1959.
Es cierto, que convertido en ley, firmada por el presidente Kennedy el tres de febrero de 1962, el cerco a Cuba asume cuerpo legal para Estados Unidos, pero ya desde antes se dejaban sentir efectos de acciones, frente a ordenamientos de beneficio popular en marcha, aplicados por el Gobierno Revolucionario.
Sería infinito el recuento de daños y perjuicios, vidas arrebatadas y males que perdurarán en sus consecuencias canallescas por el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, que año tras año por abrumadora mayoría el mundo condena.
Trece administraciones yanquis han mantenido esa embestida, recrudecida por la anterior republicana y sostenida por la actual demócrata, con nuevos elementos de criminalidad, al impedir acceder a medicamentos y materias primas, con el propósito de combatir la pandemia de la COVID-19, que tantas vidas ha arrebatado en el planeta y se muestra con mutantes, cada vez más letales.
En ese enfrentamiento contra la malignidad de los gobiernos del vecino del norte, ha prevalecido el optimismo fidelista, que desde la clarinada libertaria del 26 de julio de 1953 y el programa para una Cuba nueva generado en sus fundamentos tras el triunfo rebelde, una imbatible voluntad de resistencia.
Se pueden citar incontables ejemplos de la anterior afirmación, pero el más reciente y salvador es el contar con cinco vacunas propias, cubanas, antiCOVID-19, de probados resultados, incluso reconocidos por especialistas estadounidenses, y ser pioneros en la inmunización a niños de dos años en lo adelante.
Cuando algunos quieren achacar al bloqueo insuficiencias humanas de la construcción socialista en Cuba, y otros minimizar los evidentes y extraterritoriales efectos de esa agresión que dura ya 60 años, la inobjetable realidad demuestra que la Revolución nos enseñó a pensar, nos hizo cultos y preparados, y generó una voluntad de resistencia en los cubanos, que no hay bloqueo yanqui que la resista.
La vida lo ha demostrado y demostrará. No quepa duda. (Pedro Paneque Ruiz/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Archivo)
