Mi hogar es un reino de magia. Cada día, desde la entrada hasta el patio, se metamorfosea en un mundo distinto, y nosotros, sus habitantes, nos transformamos bajo el hechizo de un pequeño soberano. Hemos sido transfigurados en policías, bomberos, maestros, doctores, monarcas y hasta en criaturas del reino animal.
Es habitual llegar y toparse con un desfile de juguetes que emulan un tren, un sendero de migajas de galletas que rememora el cuento de Hansel y Gretel, o incluso un circuito de carreras donde se disputa un encarnizado duelo entre el gato, el perro y nuestro joven amo.
La llegada de un niño señala el ingreso a un cosmos donde impera la fantasía. Padres, abuelos, tíos y primos nos sumergimos en ese universo que alguna vez fue nuestro y asumimos una nueva vocación: la de educadores, quienes desde el inicio deben emplear la imaginación para forjar el desarrollo de una conciencia ética.
Al igual que en la ciencia, es imposible predecir cuándo surgirán las primeras ocurrencias en un bebé. Con el paso del tiempo y el bullicio cotidiano, olvidamos su primera risa, su primer gesto, incluso aquel instante en que, de un murmullo efímero, discernimos las palabras mamá o papá. Después vienen las travesuras, las carreras, los gritos de júbilo, tan frecuentes que se vuelven incontables.
Generalmente, tras el primer año, los pequeños empiezan a articular palabras con mayor fluidez y a tomar conciencia de su entorno. En ese proceso de descubrimiento, guiado por la imaginación, surge la célebre etapa de los porqué , donde emergen preguntas sorprendentes, divertidas y a veces complejas para los adultos.
En esta fase de la niñez, ellos pueden fácilmente voltear el mundo al revés. Es fascinante cómo emplean el poder de la ternura para hacer que dejemos cualquier labor, nos transformemos en pacientes y observemos cómo se desempeñan un día como médicos, otro como cocineros, animales o imitan de manera cómica a mamá y papá.
Así comienza y termina cada día en la vida de un niño, con pequeñas cosas que ellos denominan felicidad. Es esencial que cada miembro de la familia participe en estas etapas para promover un aprendizaje adecuado en los más jóvenes, así como su desarrollo integral sin contratiempos.
El artículo 5 de la Convención sobre los Derechos del Niño, titulado Dirección y Orientación de Padres y Madres, establece que es deber del Estado respetar las responsabilidades y los derechos de los progenitores y otros familiares para proporcionar al niño la guía adecuada en el desarrollo de sus habilidades.
La Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada el 20 de noviembre de 1989, reconoce en sus 54 artículos que los niños, definidos como seres humanos menores de 18 años, son sujetos con derecho a un desarrollo pleno físico, mental y social, y a expresar sus opiniones libremente.
Este tratado internacional se ha utilizado globalmente para fomentar y salvaguardar los derechos de la infancia. Desde su aprobación, se han logrado avances significativos en supervivencia, salud y educación mediante la provisión de servicios esenciales. No obstante, aún queda mucho por hacer para construir un mundo idóneo para los niños, ya que los progresos han sido desiguales y algunos países aún están rezagados en otorgar la debida importancia a los derechos infantiles.
El Código de las Familias, promulgado el 22 de julio de 2022 y ratificado por referéndum popular el 25 de septiembre del mismo año, en su Artículo 5, Derechos de la infancia y la adolescencia en el ámbito familiar, dicta que la familia debe garantizar a niñas, niños y adolescentes el goce pleno y el ejercicio efectivo de sus derechos, detallados desde el inciso a) hasta el o), y aborda esta problemática en los artículos 6 y 7, subrayando su importancia.
La infancia es la etapa más maravillosa de la vida, por lo que es fundamental asegurar su disfrute en nuestros pequeños. Aunque para muchos puede ser un desafío, no es tan complicado. Comprender y sumergirse en su mundo imaginativo es un arte que nace de las conversaciones en el seno familiar, lo que indudablemente se traduce en deleitarse con las travesuras de nuestro niño interior. (Alexis Peña Hernández/Radio Cadena Agramonte) (Foto: Tomada de Internet)
