Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.
Ojalá queden solo en alucinaciones las amenazas guerreristas (terroristas) del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, país del primerísimo mundo que derrocha billones de dólares en mantener la hegemonía militar mundial a costa del desamparo médico y social de millones de sus propios ciudadanos.
Ante sucesivas derrotas de la violenta oposición venezolana —respaldada sin ambages por la Agencia Central de Inteligencia USA, con puntas de lanza en gobiernos lacayos vecinos— y el contundente triunfo popular a favor de la Constituyente, el mandatario de la Casa Blanca afirmó: “…que no descarta la opción militar en Venezuela”.
El prepotente anuncio del Donald Trum coincidió con el apresamiento del autodenominado “Comandante” Juan Carlos Caguaripano Scott, junto a la captura de otros participantes en el asalto al Fuerte Paramacay, en el estado de Carabobo
En el contexto del descabellado peligro regional, catalogado por el ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, como “acto de locura”, muchos estadistas y personalidades del mundo y dentro de los propios Estados Unidos han recibido la noticia con la preocupación de que cualquier conflicto bélico en el país sudamericano perjudicaría de cualquier modo la paz en toda la región, sin excepción ni siquiera para los invasores.
Además, están las reacciones universales frente a la intervención en los asuntos internos de una nación que ha demostrado el alto protagonismo de la democracia participativa por la paz, en medio de una descomunal escalada terrorista de la oposición y sus aliados, encabezados por la mayor potencia armada del planeta.
A la tensión guerrerista provocada por Trump en el “traspatio” de los Estados Unidos, se suman los focos intervencionistas en el Medio Oriente, y el actual movimiento de tropas y medios militares en torno a la península coreana para responder con “furia y fuego” cualquier respuesta de la República Popular Democrática de Corea a las maniobras y provocaciones estadounidenses con sus aliados bélicos de la OTAN.
El presidente chino, Xi Jinping, sin embargo, abogó por el diálogo y pidió a su homólogo de Washington, baje la tensión militar en la región.
Donald todavía no tiene una guerra made in Trump, se ha limitado a echarle bastante petróleo a los conflictos candentes de sus antecesores, aunque peligrosamente pretende hacer la suya, solo que a juicio de especialistas y politólogos internacionales, el fuego que pretende prender en la lejana península coreana puede afectar el “negocio” USA con los socios asiáticos, y esa misma candela sobre los pozos de petróleo venezolanos, puede sofocar mucho el cercano medio ambiente estadounidense… y en eso de “protegerse” tampoco le va nada bien al iluso multimillonario de la Casa Blanca. (Foto: Archivo)
