Por Ricardo de la Paz Cervantes/ Estudiante de Periodismo.
Aunque el tiempo parece detenerse entre las paredes del inmueble, con el decursar de los años la historia de La Gran Antilla se funde con la vida de Rebeca Andújar Rojas, administradora del establecimiento comercial, quien comparte la obra de una vida junto a la centenaria construcción camagüeyana.
Detrás de la estantería de ese local se encuentra Rebeca, que a sus 72 años de edad y con absoluta entrega a la población, es digna del ejemplo de Fernando Chenard Piña, mártir del asalto al cuartel Moncada, cuya fecha de nacimiento señala el Día del Trabajador del Comercio, la Gastronomía y los Servicios en Cuba.
De sus inicios en La Gran Antilla reseña:
“Yo llego a esta empresa en el año 1962 a raíz de la intervención de las Unidades de Comercio Minoristas con la Ley 1076. Recuerdo perfectamente que el miliciano que se encontraba en la puerta de la tienda me miraba con recelo, porque yo era una muchacha muy jovencita y delgadita. Tuvo que fijarse muy bien en el nombramiento que llevaba en mis manos. Pero pienso que, independientemente que los dueños no lo recibieron con los brazos abiertos, los trabajadores sí estaban conscientes de ese momento y de la necesidad que había de que esas tiendas pasaran a manos de la población”.
A 55 años del proceso de nacionalización de empresas en el país, ¿cómo recuerda aquel suceso?
“Realmente, en estos momentos, yo lo pienso y me asusto, porque éramos muy jóvenes cuando se nos asigna esa tarea a través de la Federación de Mujeres Cubanas y del Sindicato Provincial de Trabajadores del Comercio. En aquel entonces las tiendas se hallaban en manos de los propietarios y tuvimos que intervenir establecimientos de personas que no estaban de acuerdo con la ley. Yo estaba en ese momento estudiando y esa tarea para mí fue muy difícil. Pero los trabajadores de la institución sí ayudaron y nos apoyaron en este trabajo que para nosotros era algo imprescindible. La juventud supo responder a este llamado de la Revolución y como siempre, fue la vanguardia”.
Cualquier dirección administrativa es compleja, y llevar a la par el trabajo y las tareas del hogar debe ser algo difícil a sus años. ¿Cómo lo logra?
“A veces los horarios tropiezan un poco con la posición de la mujer trabajadora, pero en definitiva fue el trabajo que escogimos y es un sector que es de prestación de servicio, y en esta oportunidad nos toca a nosotros brindarlo. Siempre hay una familia que nos apoya. Por ese lado me siento satisfecha de tener un esposo que me ayuda y unos hijos muy buenos, de los cuales me siento orgullosa”.
La pregunta se impone, ¿qué significa La Gran Antilla para Rebeca Andújar Rojas?
“Además de ser mi segunda casa, pienso que el día que me llegue el retiro, que ya está próximo porque la edad lo está pidiendo, la voy a extrañar mucho, pues en realidad tengo un colectivo muy bueno, más que compañeros son mis amigos, mis hermanos y nos llevamos muy bien. Pienso en el día que deje de estar en la Gran Antilla y voy a tener que hacer un gran esfuerzo para poderme adaptar a la nueva vida que me espera”.
Un punto y aparte
Enclavada en la céntrica Plaza Maceo, en la ciudad de Camagüey, La Gran Antilla es una construcción de estilo ecléctico que fue construida en las primeras décadas del siglo XX en el mismo lugar donde estuvo enclavada la antigua ermita de San Francisco de Paula.
Luego de la demolición del viejo templo fue destinado su primer nivel como establecimiento de comercio, y la planta superior para el uso doméstico. Posee arcadas que lo cierran en sus dos niveles, enmarcadas por molduras muy decoradas. Es, además, el edificio que tiene en su exterior el balcón más extenso y la mayor cantidad de arcos en la provincia. (Fotos del autor y de Archivo)
