Por Rolando Sarmiento Ricart/ Colaborador de Radio Cadena Agramonte.
Los que no quieren a Cuba siempre están a la caza de los esporádicos hechos negativos que involucran a niños, adolescentes y jóvenes, para difamar con exageración de una realidad que mayoritariamente se caracteriza por todo lo contrario, y se conoce bien cuando no pocos se atreven a visitar la isla “bloqueada”, o los nacionales viajan y comparan su entorno con el resto del mundo.
Solo la seguridad de nacer con garantía de alimentación, atención médica y estudios, desde el preescolar hasta la Universidad, además de las opciones de postgrado, representan derechos insoñables para la casi totalidad de las naciones del planeta, aunque los detractores de la Revolución continúen las sucias campañas con la misma cantaleta de que en Cuba “se violan los derechos humanos”.
Ni ellos mismos se creen tanta ficción, y los que a sabiendas de ello, ante la negativa de visas de los Estados Unidos “escapan” con los menores a riesgo de sus vidas por mar o de frontera en frontera latinoamericana —con los “coyotes” pisándoles los talones—, destrozan precisamente los más elementales derechos y sueños de niños y adolescentes, rompen el futuro de los seres más preciados de esta Isla.
De costa a costa y hasta en las más lejanas montañas cubanas hay un maestro y un aula confortable, un consultorio médico, juegos deportivos a la espera de niños uniformados y saludables; mientras en muchos países del orbe, incluso en el poderoso Estados Unidos, niños y niñas son explotados en duras faenas para llevar un bocado al hogar, y no pocos son abusados sexualmente, robados para extraerles los órganos vitales que esperan, sin el menor escrúpulo, familias millonarias para hacer feliz a pocos y provocar el sufrimiento de cientos y miles de infantes desprotegidos.
Ningún niño cubano padece de esas injusticias, ninguno tiene que abandonar las clases para buscarse la vida, ni andar descalzo o desnudo… y cuando algunas de estas anomalías suceden —porque esta no es una sociedad perfecta—, no quedan impunes y se castiga con todo el peso de la ley a proxenetas y otros transgresores de una sociedad que extirpó de raíz las abundantes lacras que heredó hace 57 eneros.
Quienes no quieren que la verdad cubana abra sus razones al universo persiguen solo sus manchas y las agrandan con tergiversaciones solo creíbles para aquellos que odian y destruyen; los verdaderos seres honestos, amén de credos y políticas, respetan y comparan, insatisfechos porque un mundo mejor siempre será posible, si en vez de enriquecerse unos pocos la tierra y sus infinitas riquezas se compartieran por igual entre humanos. (Foto: Archivo)
