Por Marta Gómez Ferrals/ACN.
Aun para las que no se han detenido a evaluar su envergadura, o para las que no la conocen, por razones de edad, la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 23 de agosto de 1960, marcó el inicio de una nueva era en la lucha por la plena incorporación de ese sector poblacional a la vida económica, social y política de la nación.
Para nada está sobredimensionado este criterio que, por suerte, muchos comparten.
La Revolución marchaba con su paso indetenible desde enero de 1959, con un programa de justicia social, cambios y desarrollo, con verdadera firmeza en la defensa de la libertad y los principios y demandaba la participación de todos cuando nació la FMC, como la llama el pueblo.
Con la labor de la combatiente del llano y de la Sierra Maestra Vilma Espín, fundadora y Presidenta de la organización de masas hasta su fallecimiento en 2007, esta entidad supo canalizar los intereses y los potenciales que hicieron del aporte de la mujer “una revolución dentro de la propia Revolución”, como afirmara el Comandante en Jefe Fidel Castro hace muchos años.
Y es que en un país donde hubo heroínas como la madre de la Patria, Mariana Grajales; la precursora de las luchas por los derechos de la mujer, Ana Betancourt; revolucionarias valientes como Haydée Santamaría, Melba Hernández, Lidia Doce, Clodomira Acosta y féminas eminentes en diversos sectores como el de la educación y las ciencias, lo que predominaba era la discriminación.
Hubo organizaciones feministas o de otro corte que defendieron en la primera mitad del siglo XX los derechos de la mujer, pero poco o nada pudieron lograr a favor de la enorme masa.
En la medianía del siglo XX cubano, como incluso ocurre hoy en otras naciones con derechos por conquistar, el lugar de la mujer y más si esta era humilde, era trabajo del hogar, padecía más que el hombre del analfabetismo y la subescolarización. La discriminación por sexo se unía a la racial. El destino del servicio doméstico, camarera de bares de mala muerte o la prostitución, con altos niveles, eran las ofertas más plausibles para las hijas de la pobreza más extrema. Y en Cuba se padecía.
Con los cambios que trajo la Revolución para todos desde el punto de vista de equidad, una nueva vida también se abrió para la mujer. Posibilidades de estudio, de empleos dignos, de calificación técnica, de trato humano. Ganar la dignidad fue uno de los logros más positivos.
Al cabo de 57 años la mujer cubana tiene un peso relevante dentro de la fuerza técnica calificada del país. No hay sector de la sociedad en el cual no esté representada, incluso en tareas como la construcción, y el ámbito militar. Se ha incrementado progresivamente y se espera sea mayor, su papel en ámbito de la dirigencia, tanto profesional como política.
Es en el trabajo sanitario, dentro y fuera de Cuba donde se nota más la presencia femenina, que se considera ribetea el 80 % de esa fuerza laboral.
Las cubanas gozan del privilegio de recibir igual salario que el hombre, por el mismo trabajo, algo que incluso no se disfruta en países desarrollados, como ya se sabe.
Esta conquista, además de responder a la voluntad política de la Revolución, responde a la fuerza y al respeto ganado por la organización que las ha sabido representar.
Hoy con Teresa Amarelle Boué como secretaria general, la FMC sigue considerando a la heroína Vilma Espín como su eterna presidenta. Como también reconociera Fidel, ella fue una persona que dedicó toda su vida al trabajo por la igualdad de géneros y el desarrollo de la mujer cubana.
Un complejo educacional de la capital lleva su nombre, como un homenaje más a Vilma, quien se consagró desde el comienzo en la creación de círculos infantiles, en el desarrollo de la psicología educacional que promoviera la atención a la enseñanza preescolar, la niñez y la juventud.
También en la creación de las casas de Orientación de la Mujer y la Familia, diseminadas a lo largo y ancho del país.
Son espacios de ayuda, orientación, aprendizaje, reflexión. También de recreación. Desde el respeto, la solidaridad de la familia, nunca desde la discordia, ha ido evolucionando una mentalidad que un día fue de cerrado machismo. Se ha ido ganando en la comprensión de toda la membresía de la familia.
Aunque en el terreno del machismo la batalla no se puede considerar finalizada ni mucho menos, está en marcha, como toda obra en que se alista el corazón de la mujer cubana. Los retos a la vista de la mujer son grandes. No solo los que asume con plena igualdad por garantizar su desarrollo humano o profesional. Está el respaldo que puede brindar al entorno, a las comunidades donde radica, además de a su familia, como siempre.
El trabajo por mejorar la conducta cívica, la solidaridad cotidiana, la disciplina social, y el combate a las adicciones, también requieren del enorme humanismo y de la sensibilidad de las féminas cubanas. (Foto: Archivo)
